Carolina acompañó a Mauro toda la noche en el hospital. Habían conseguido una habitación vacía justo al lado para pasar la noche.
Mauro quería que ella descansara un poco mejor, así que se turnaron: él cuidó a Benjamín la primera mitad de la noche y luego su hermano mayor la segunda mitad.
Por la mañana, durante la revisión médica, Benjamín ya lucía mucho más animado.
Carolina, en cambio, había dormido a ratos, cayendo en sueños extraños una y otra vez. En uno de ellos, un niño diminuto la perseguía sin descanso por un camino interminable.
Al despertar, sintió las piernas adoloridas, como si, en vez de soñar, hubiera corrido una maratón de verdad.
Mauro se acercó y besó a esa mujer que había pasado la noche agitada.
—Amor, siento que tengas que pasar por esto.
Carolina sonrió, cansada pero serena.
—No pasa nada. Mi papá también es una de las personas más importantes para mí.
...
En la habitación del piso de arriba, Marisol comenzó a despertar poco a poco.
Nadie entendía cómo Marisol podía tener tanta suerte, pero cuando el doctor le anunció que sí estaba embarazada, no pudo evitar soltar lágrimas de emoción.
—¡Préstame tu celular! ¡Tengo que llamar a mi esposo!
Estaba ansiosa por contarle a Alexis la noticia.
En su cabeza, si Alexis se enteraba de que esperaba un hijo suyo, seguro la perdonaría por los errores del pasado.
Sin embargo, antes de que pudiera hablar con él, la policía entró al cuarto para tomarle declaración.
Un agente, con el semblante impasible, la miró desde la puerta de la habitación.
—¿Ya despertaste? ¿Puedes responder unas preguntas?
—¿Es cierto que, la noche del 25, cerca de las once, abandonaste a un bebé de ocho meses en la esquina de la avenida Reforma?
Marisol negó con fuerza, casi en shock.
—¡Eso no es verdad!
—Tenemos testigos que vieron todo. Incluso te disfrazaste para simular que habías sido secuestrada. ¿Tienes algo más que decir?
Marisol, pálida y temblorosa, suplicó:
—¿Quién dice eso? ¡Me están acusando injustamente! Por favor, señor policía, tiene que creerme, ¡yo no hice nada!
En ese momento, Tony apareció en la habitación, cargando al bebé. Para Marisol, aquello fue un balde de agua fría.
Cuando por fin logró comunicarse, escuchó la voz de Alexis al otro lado de la línea, seca y distante.
[¿Hola?]
—Alexis, soy yo, Marisol. ¡Por favor, no cuelgues! Te lo ruego, déjame hablar.
—Estoy embarazada de tu hijo, estoy en el hospital, pero esta vez es cierto. Es tuyo, tienes que creerme. Estoy embarazada, deberían dejarme libre, ¿puedes ayudarme, por favor?
Alexis sintió el estómago revuelto mientras miraba a su abuelo, que seguía recostado en su cama.
Tadeo, curioso, preguntó:
—¿Quién te llamó?
Alexis soltó un suspiro largo y pesado.
—Marisol... está en una de las habitaciones de arriba. Dice que está embarazada.
La expresión de Tadeo se llenó de sorpresa.
Carolina, entre tanto, alzó las cejas. No podía evitar pensar que Marisol era como esas cucarachas que ni con una bomba desaparecen.
El cargo por abandonar a un bebé podía llevarle fácil cinco años de prisión, pero si se confirmaba que estaba embarazada, tal vez lograra salir bajo fianza o que le suspendieran la condena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón