Entrar Via

El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 378

El conductor la miró de reojo, con una mueca de desprecio.

—Señorita, traes un olor que no se aguanta.

Marisol apretó los dientes, conteniendo las ganas de explotar.

—Perdón. Es que acabo de escapar de unos secuestradores, ¿puedes apurarte y llevarme a mi casa?

—¿Ah sí, secuestradores? ¿De verdad? ¿Y así nomás te dejaron ir? —le reviró el chofer, entre burlón y desconfiado.

Marisol, ya harta, le soltó:

—¿Y qué, no puedo haberme escapado yo sola?

—Pues sí, claro que puedes. ¡Qué valiente! Pero yo digo que mejor vayas al hospital, mínimo que te revisen en psiquiatría.

Marisol aguantó todo el camino, tragándose el coraje, hasta que por fin llegaron a la entrada de la mansión.

El taxímetro marcó trescientos un pesos. Marisol aún debía un peso.

—No puede ser, señorita. Con la casa que tienes, ¿me vas a regatear un peso?

Marisol tenía la cara más sucia que nunca, y aun así, se le puso seria.

—Espérame, voy a pedirle a la muchacha un peso para pagarte.

Fue directo a la puerta y tocó varias veces, pero la entrada seguía cerrada, sin que nadie le respondiera.

La desesperación empezó a apoderarse de ella. Sentía las lágrimas asomarse.

—¡Ábranme! ¡Soy la esposa del señor Alexis, ya volví! ¡Me escapé y logré regresar!

La única respuesta fue el silencio.

El conductor, que había soportado el mal olor y encima se quedaba sin su peso, se desquitó escupiendo por la ventanilla.

—¡Qué porquería!

Y pisó el acelerador, dejando tras de sí una nube de humo y el sonido del carro alejándose.

Marisol siguió gritando un buen rato hasta que, por fin, la puerta se abrió lentamente.

El mayordomo, Ariel, apareció con el ceño fruncido y un paquete grande en la mano. Lo lanzó fuera de la casa.

—Señorita Marisol, aquí tiene sus cosas. Mejor váyase. Si el señor Loza la ve aquí, se va a poner furioso.

—Dime, Marisol, ¿qué te hicimos nosotros para que trataras así a mi hijo? ¡Qué clase de víbora eres!

Sin poder calmarse, Petra volvió a abofetearla dos veces más.

—¿Todavía no entiendes? ¡Todos sabemos que tu numerito fue puro teatro! Y encima, ¡abandonaste a tu hijo! ¡Ese niño es tu propia sangre! ¡Qué corazón tan negro tienes!

—¡Lárgate de aquí! ¡No quiero volver a verte nunca más, ni escuchar tu nombre!

Marisol quedó tambaleante, la cara hinchada y los ojos perdidos.

—¿Por qué está pasando esto...?

No podía entender cómo todos se habían enterado.

Cuando las enormes puertas de la mansión Loza se cerraron a sus espaldas, Marisol supo que su mundo se había venido abajo.

En ese instante, una voz masculina, seria y contundente, sonó detrás de ella:

—¿Es usted Marisol? Hay una investigación por abandono de un menor, le pedimos que nos acompañe para aclarar la situación.

Con ese golpe, Marisol perdió las fuerzas y cayó al suelo, sin poder levantarse.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón