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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 370

El cliente, que se encontraba de viaje, recibió la noticia del resultado y quedó encantado.

—¡Gracias, abogada Carolina! ¡De verdad, muchísimas gracias!

Carolina sonrió con calidez.

—No tienes nada que agradecer. Es mi trabajo, así que tranquila. Es posible que la otra parte quiera apelar y llevar el caso a una segunda instancia, pero mientras tanto, aprovechen para disfrutar y relajarse. Les avisaré si pasa algo.

Ese fue el primer buen acontecimiento del día para Carolina.

El segundo fue que Gisela logró reconciliarse con su hija. Resulta que el novio de la muchacha, acusado en el caso, apenas llevaba poco tiempo saliendo con ella. Entre ellos no había pasado gran cosa y, de repente, él se vio envuelto en el lío legal.

Una suerte dentro de la desgracia.

Para celebrar, Hugo y Gisela invitaron a Carolina a comer.

—Gracias por todo, Carolina —dijo Gisela, mirándola muy seria y agradecida.

Carolina agitó las manos con rapidez.

—Señora, no se ponga así. En serio, no hice nada extraordinario. Al contrario, esta experiencia me ayudó mucho para aprender sobre defensa penal. ¡La que debería agradecer soy yo!

Hugo soltó una carcajada.

—Ya estuvo, dejen de agradecerse tanto. Les digo que no hay necesidad de andarse con tantas formalidades conmigo ni con mi alumna.

De pronto, Carolina notó los anillos que llevaban puestos Hugo y Gisela. Abrió los ojos de par en par, sorprendida.

—¿Qué es esto, maestro? ¿Ustedes…?

Hugo, sin titubear, entrelazó los dedos con Gisela y levantó la mano de ambos.

—Así es, Carolina: tu maestra y yo nos casamos.

Carolina sintió una emoción sincera y la alegría le llenó el pecho.

Se le humedecieron los ojos.

—Maestro, señora, ¡felicidades! Ya era hora, maestro, por fin se animó a casarse.

Hugo frunció el ceño, incómodo.

—Oye, ¿qué manera de hablar es esa? No parezco alguien que nadie quiera, ¿eh?

Los hombres, sin importar la edad, siempre cuidan su orgullo.

Carolina prefirió no seguir fastidiándolo. Con lo directo que era, no faltaba quien tratara de presentarle pretendientes, pero Hugo siempre terminaba espantándolos con su personalidad.

Desde luego, no iba a exhibirlo delante de todos.

—Sí, señora, mi maestro es todo un galán. En la firma de abogados hasta hay gente que va a declararle su amor. ¡Lo buscan mucho!

Hugo se sonrojó, algo apenado.

—Ya, Carolina, tampoco exageres. Si lo cuentas así, suena muy falso.

Gisela se rio, restándole importancia.

—No pasa nada, lo que más me atrajo de tu maestro fue su sinceridad. Que no sea tan hábil para hablar me da confianza. Así sé que no anda de coqueto por ahí.

—¿De verdad sabes cuidar niños? ¿Por qué siempre está enfermo el niño? —le gritó a la niñera, fuera de sí.

La niñera, que hasta el momento había aguantado, ya no pudo más. Le pagaban bien, pero el maltrato y los regaños constantes no valían la pena.

—Señora, con todo respeto, todos pueden ver el esfuerzo que le pongo a cuidar a Gordito. Pero usted siempre lo lleva al balcón para que le dé el aire y luego le toma un montón de fotos. ¿De verdad así cuida una mamá? Si el niño se enferma es por eso, ¿cómo no va a enfermarse?

Por poco y la niñera no le grita que Marisol solo usaba al niño para presumirlo.

Al revisar las publicaciones de Marisol, todo era fotos con su hijo, mostrándose como la madre más cariñosa del mundo.

Petra miró a Marisol, frunciendo el ceño.

—¿Es cierto lo que dice la niñera?

Marisol, pálida, negó de inmediato.

—¡Claro que no! Mamá, no le creas. Además, esa niñera es bien rara, sus cosas siempre desaparecen. El otro día hasta me faltó una pulsera.

La niñera, furiosa, apenas pudo contenerse de no lanzarse sobre ella.

—Eso sí que no, señora. Si no me cree, revise las cámaras. Yo no he robado nada, ¿por qué me acusa?

Marisol no quería hacer más grande el escándalo y, sin mirar a la niñera, se dirigió a su madre.

—Mamá, mejor despídela ya. No quiero seguir aguantando que una niñera me acuse de cosas.

Petra, molesta y cansada, suspiró.

—Está bien. Si esta no sirve, buscamos otra.

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