Marisol seguía buscando a una nueva niñera, mientras Carolina ya empezaba a sospechar de quién era en realidad el papá del pequeño.
La niñera despedida fue directa a buscar a Carolina para desahogarse.
—Señora Carolina, usted que es abogada, ¿podría ayudarme a defenderme? La señora Marisol ya se pasó de la raya. Ella misma no pone atención al niño, varias veces, solo por quedar bien con la gente, se llevó al Gordito a tomarse fotos en el frío y lo enfermó. ¡Y ahora resulta que me culpa a mí! Hasta dice que le robé una cadena. Señora, ¿puedo demandarla por difamación?
Carolina no pudo evitar una sonrisa, aunque también sintió pena.
—Disculpe, señora, no es que no quiera ayudarla. Lo que pasa es que para que se considere difamación por ley, es necesario que la información falsa se haya compartido y visto más de cinco mil veces en internet. Si solo fue una sospecha que comentó de palabra y no hizo nada más, pues no es suficiente para considerarlo difamación.
La niñera seguía molesta.
—¿Entonces qué hago? ¿Me voy a quedar de brazos cruzados mientras me insultan?
—Bueno —explicó Carolina—, usted y Marisol tienen una relación laboral. Si firmaron un contrato y la despidió sin causa justificada, puede pedirle una compensación.
La niñera se dio una palmada en la pierna, aliviada.
—¡Sí, sí! Firmamos contrato. Ellos lo hicieron conmigo personalmente y dijeron que debía cuidar al niño un año entero. Y apenas llevo medio año, todavía faltan como cuatro o cinco meses.
—Perfecto, eso lo puede resolver usted misma desde su celular. Le mando el procedimiento para que lo haga.
—¡Gracias, señora Carolina! De verdad usted es una persona muy noble, nada que ver con esa tal Jiménez, que de buena no tiene nada. Señora, he trabajado como niñera en muchas casas, pero de todas, Marisol es la mamá más rara que he visto. Hasta dudo que sea la verdadera mamá de Gordito.
Por dentro, Carolina pensó que mamá sí era, pero el papá... tal vez habría que cambiarlo.
Después de despedir a la niñera, Carolina llamó a Mauro.
Cuando terminó de contarle todo, Mauro se quedó callado.
—Amor, creo que a tu sobrino ya le pusieron los cuernos...
Mauro no mostró ninguna expresión, pero por dentro sentía una pequeña chispa de alegría. Sin embargo, por mantener la imagen de buen esposo, solo se permitió esa alegría en silencio.
—Sí, en unos días voy a ir a hacerles una prueba de ADN. En dos días máximo tendremos los resultados.
—La ley sí contempla la posibilidad de pelear por la custodia. ¿Usted y la madre del niño nunca se casaron, cierto?
Tony la miró con esos ojos claros de quien se siente una víctima.
—¡Así es! Estoy soltero, pero ella se casó a escondidas. Su esposo cree que el niño es suyo, pero en realidad es mío.
—La busqué para hablar, pero ni caso me hizo y hasta fingió no conocerme. ¡Eso ya es demasiado!
Carolina pensó que, en efecto, Marisol tenía bastantes cosas fuera de lugar.
—Dígame, señor Tony, ¿cuántos años tiene su hijo?
—Ni siquiera ha cumplido un año.
—Bueno, según nuestras leyes, si el niño es menor de dos años, salvo situaciones especiales, siempre se otorga la custodia a la madre.

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