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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 367

Mauro soltó una risa breve y burlona.

—No solo eso, hasta lo dejaron en visto.

Joel, poniendo cara de entendido, también dejó el grupo y se olvidó del celular. El chat quedó en absoluto silencio.

—¿Por qué tiene que hacer todo tan llamativo? Según él, quería pedirle matrimonio de forma discreta, pero seguro su novia ya se dio cuenta de todo.

—No es su novia —soltó Mauro de repente.

Joel apenas había tomado un trago, pero juraría que estaba alucinando.

—¿Qué dijiste?

Una sonrisa se dibujó en los labios de Mauro.

—Todavía no es su novia. Él está todo confundido.

Joel se quedó sin palabras.

—Entonces, ¿mañana a quién le va a pedir matrimonio?

Mauro se encogió de hombros.

—Que le pida matrimonio al atardecer, si quiere.

A veces uno teme que el hermano sufra, pero también le preocupa que le vaya demasiado bien.

Entre los cuatro hermanos, ninguno se salva.

...

Lucas sentía el corazón a punto de estallar.

Había reservado el lugar con anticipación. Cada rincón, cada detalle de la decoración, los había supervisado él mismo.

Miró el par de anillos de boda que mandó hacer especialmente y les tomó una foto para mandarla al grupo.

[Oigan, ¿creen que a ella le gusten estos?]

Nadie respondió. Dos del grupo ya habían salido y ni vieron el mensaje; el único que lo leyó fue Ricardo, pero ya no tenía energías para seguirle la corriente.

Sin respuesta, Lucas decidió molestar a Carolina.

Por desgracia, ella anduvo ocupada hasta la tarde y no leyó el mensaje sino mucho después.

Carolina le mostró el mensaje a Natalia.

—Mira, esto es lo que quiere darte.

Natalia apenas si levantó la mirada.

—Sí, están lindos.

Pero solo eso, lindos. Nada más.

Carolina manejó para llevar a Natalia al aeropuerto. En realidad, no pensaban avisarle a Mónica, pero ella insistió tanto que terminaron llevándola también.

—Natalia, cuando llegues llámanos, ¿sí?

—Eso, no te olvides de nosotras. Un mensajito cada semana mínimo, ¿eh? ¡Prometido!

Natalia no pudo evitar una sonrisa.

Joel se rascó la nariz.

—Señor Mauro, ¿Lucas se quedó esperando para pedir matrimonio y lo dejaron plantado?

Mauro asintió en silencio.

Lucas, ya en el carro, empezó a marcarle a Natalia una y otra vez, frenético.

Natalia estaba justo en la sala de abordaje. Dudó un segundo, pero terminó contestando.

—Lucas, ya me voy. Lo de hoy fue idea mía, les pedí que no te dijeran nada. No estés enojado ni culpes a nadie.

—Tú siempre das por hecho que todos tienen que seguir tu ritmo. Cuando quieres casarte, te casas. Cuando quieres pedir matrimonio, lo haces. Pero yo ya estoy cansada, ya no quiero seguir así.

—Estos años contigo han tenido momentos felices, pero también otros que no lo han sido. Ahora no estoy molesta, solo siento que esto ya llegó a su fin.

Lucas seguía sin entender.

—¿Por qué? ¿No que ya estábamos bien?

—¿Ves? Tú crees que todo está arreglado, pero yo nunca te perdoné.

—Lucas, dime, si yo a tus espaldas saliera a citas con otros, y solo te tuviera como adorno en mi vida, ¿me perdonarías sin pensarlo dos veces?

Lucas respiró hondo, pero no pudo responder.

—Me despido, no me busques.

Colgó. El teléfono quedó en silencio, igual que el corazón de Lucas.

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