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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 359

Después de regresar, a Carolina le fue muy bien y logró tomar un caso de disputa por recompra de acciones en el Centro de Emprendimiento.

Bastó con que negociara una semana con el abogado Morales para que su cliente obtuviera un resultado satisfactorio.

Fue tan eficiente que ni siquiera tuvieron que llegar a juicio.

Ulises pensó que el año de estudios de Carolina había valido la pena y, para celebrarlo, le organizó una fiesta bastante animada.

Verónica se acercó a Carolina y, en voz baja, le murmuró al oído:

—Carolina, ¿no crees que el señor Ulises te ve con demasiada admiración? Dime, ¿qué secreto suyo tienes guardado?

Carolina apenas pudo contener una sonrisa.

—Nada de eso. A lo mejor el señor Ulises ya decidió portarse bien.

Verónica la miró con desconfianza, dudando de que esa fuera la explicación correcta.

Carolina tampoco tenía cómo aclararlo. ¿Acaso debía mandar un mensaje a Ulises pidiéndole que disimulara?

Ella sabía perfectamente por qué Ulises se comportaba así; ambos estaban en sintonía, aunque nadie más lo notara.

Hugo también estaba contento con la situación; así, podía compartir más recursos con su aprendiz.

Sin embargo, para quienes observaban desde afuera, la cosa no dejaba de levantar comentarios.

No faltó quien, incapaz de aguantar las ganas de meter cizaña, lanzó su veneno:

—Abogada Gisela, ¿ya viste que casi todos los abogados hombres de la firma tratan a Carolina de maravilla? Sí que tiene su encanto.

Gisela apenas le dirigió una mirada, con voz tranquila:

—¿Y solo los hombres? Yo también la aprecio mucho, y soy mujer. Cuando alguien es bueno, llama la atención de todos, es lo más normal del mundo.

La otra persona se quedó con la palabra atorada, sorprendida de que Gisela no se inmutara.

—¿Ni tantito te da celos, abogada Gisela?

Gisela se rio de verdad.

—¿Celos? A ver, dime, ¿te dan celos tus papás? ¿O tus tíos? ¿O tus primos?

Viendo que no podía sembrar discordia, esa persona prefirió guardar silencio.

...

Al terminar la comida, Hugo rodeó a Gisela con su brazo.

—Gracias por aguantar, ¿te estuvieron diciendo cosas otra vez?

—No pasa nada, es parte de la naturaleza humana andar de metiche.

Carolina les saludó con la mano y se fue corriendo hacia un carro negro que la esperaba.

Gisela alzó una ceja.

—Tu aprendiz tiene buen respaldo, ¿eh?

Hugo sonrió tranquilo.

—Sí, por eso es que hay tanto envidioso alrededor.

Gisela empezó a entender por qué Ulises era tan atento con Carolina.

—¡Me encanta!

¿Quién no se iba a enamorar de algo así?

Esa pluma debía costar varios millones.

De ahora en adelante, cada vez que firmara algo, lo haría con sumo cuidado.

—Es un regalo por tu ascenso, aunque llegó un poco tarde.

En realidad, Mauro lo había mandado a hacer un año antes, pero cuando Carolina se fue a estudiar, lo dejó pendiente.

Aprovechando que el semáforo se puso en rojo, Carolina se acercó y le dio un beso en la mejilla.

—Gracias, amor.

Mauro miró de reojo sus labios rojos y le sonrió con picardía.

—Cuando lleguemos a casa me lo agradeces bien.

—¿Verdad que no fue en vano que me fuera a estudiar? Siento que sí mejoré mucho.

Él la miró con intensidad y tragó saliva.

—Sí.

...

En el dormitorio, la brisa nocturna agitaba las cortinas.

Carolina tenía las manos alrededor de su cuello. Mauro la sostenía con firmeza por la cabeza, entregados los dos a un beso tan profundo que el mundo pareció detenerse.

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