Mónica apretó los labios.
—¿Y eso lo sabe alguien?
Natalia se quedó pensativa un instante y luego soltó una sonrisa tranquila.
—Él no lo sabe. No necesita saberlo.
Durante ese año, un productor había intentado propasarse con Natalia, pero fue Lucas quien salió a defenderla y la ayudó a salir del problema.
Esa noche, entre el caos y la confusión, terminaron juntos en la cama otra vez.
La verdad, a Natalia le encantaba el cuerpo de Lucas, y no le molestaba en lo absoluto estar con él. No habían vuelto oficialmente como pareja, pero cada vez que Natalia terminaba alguna grabación y regresaba, solían reunirse y pasar un rato juntos.
Ella siempre se cuidaba y tampoco pensaba sacrificarse o aguantar de más.
Para Natalia, el romance era cosa de dos, sin dramas. Haber crecido en el extranjero le había dado una perspectiva aún más abierta que la de Lucas.
Carolina y Mónica se miraron, compartiendo una complicidad silenciosa, y decidieron cambiar el tema.
—Natalia, entonces cuando nazca mi bebé, ¿ya no vas a estar aquí? —preguntó Mónica con voz un poco triste.
Natalia soltó una risita.
—Creo que todavía me quedan uno o dos meses aquí. Tengo una pequeña campaña de promoción pendiente, y luego se acaba mi contrato con la empresa. Después, si me extrañan, pueden buscarme para salir a dar la vuelta.
Pero volver, volver de verdad… eso ya no lo veía posible.
Mónica hizo un puchero.
—Bueno… Natalia, ¡te vamos a extrañar muchísimo!
Al crecer, habían aprendido a despedirse una y otra vez.
Pero la distancia no rompía la amistad de las tres. Su pequeño grupo seguía unido, siempre presente en la vida de cada una.
...
Joel, que pronto se convertiría en papá, se volvió el blanco de las bromas y comentarios del grupo.
Era imposible no notar lo feliz que estaba, y eso lo hacía aún más divertido para todos.
—Joel, ¿crees que ahora sí te toque un niño? —bromeó Lucas, con un dejo de envidia.
—¡Imposible! ¿No confían en la ciencia? Yo soy doctor, lo que yo diga es lo que vale.
Ricardo, que pronto también se casaría, soltó una carcajada.
—Ni que tus ojos fueran máquinas de ultrasonido, ¿eh?
—Eso, eso —secundó Lucas, dándole un empujón amistoso.
—Señor Mauro, ¿por qué no está tomando? —preguntó alguien.
Mauro negó con la cabeza.
—Estoy intentando tener un hijo, así que no tomo. Tú no te has casado, no entiendes.
Lucas abrió los ojos sorprendido.
—¡Vaya indirecta más sucia!
Ricardo, curioso, se metió en la conversación.
—Oye Lucas, ¿no que ya habías regresado con tu novia? ¿Entonces para cuándo la boda?
Lucas sonrió de oreja a oreja.
—Sí, ya volvimos. El próximo mes, en cuanto llegue el anillo que mandé a hacer, le voy a pedir que se case conmigo.
Mauro le echó un vistazo y respondió sin darle mucha importancia.
—Lucas.
Carolina frunció el ceño.
—¿Y para qué me agrega ese?
—Quizá está planeando pedirle matrimonio a tu amiga —soltó Mauro, vendiendo a Lucas sin pensarlo dos veces.
Carolina entrecerró los ojos, dudando.
—¿Pedirle matrimonio? ¿A Natalia?
Pero si Natalia ya pensaba irse del país, y además ni les había contado que se habían reconciliado.
¿Cómo habían llegado tan rápido al tema de la boda?
Mauro se encogió de hombros.
—No le queda de otra. Ya todos vamos a tener hijos, y si no espabila, ni siquiera va a poder participar en nuestras pláticas de papás.
Carolina levantó las cejas.
—¿Lucas y Natalia ya arreglaron las cosas?
Mauro ladeó la cabeza, pensativo.
—¿A poco no han vuelto?
Si no, esto sí que se va a poner bueno.
Mauro casi podía imaginarse la escena de Lucas lanzándose con la propuesta de matrimonio. No podía esperar a ver lo que pasaría.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón