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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 360

Entró sin titubear, como quien conquista terreno sin mirar atrás.

Carolina también terminó envuelta por la emoción.

El aliento de Mauro, áspero y desordenado, le rozaba el oído.

Intentó zafarse.

Pero en el segundo siguiente, se vio arrastrada de nuevo, absorbida por una corriente aún más fuerte.

...

Cuando todo terminó, la piel de Carolina estaba cubierta por diminutas gotas de sudor.

Mauro la abrazó con fuerza, sin intención de soltarla.

—Vas mejorando.

Parecía estar respondiendo a la pregunta que ella le había hecho en el carro.

—¿Qué dijiste? —Carolina tenía la mente en blanco, incapaz de enfocar la mirada.

—Te digo que has mejorado —Mauro contestó con calma, tomándose su tiempo—. Has aguantado mucho más.

Carolina, entre avergonzada y molesta, le soltó una patada. Mauro atrapó su pierna con precisión.

Se rio bajo y quedo.

—¿Por qué me pegas si te estoy echando flores?

—Vamos a ver, probemos otra vez si sí mejoraste tanto.

Y así, un nuevo torbellino la arrastró hasta el amanecer, cuando el cielo ya clareaba.

Cuando por fin todo terminó, Mauro, incansable, fue a su escritorio y dibujó otro círculo en su calendario, usando la pluma que él mismo le había regalado a Carolina.

...

El fin de semana era un respiro poco común, así que Carolina se permitió dormir hasta tarde. No se levantó sino hasta casi el mediodía.

Mauro tuvo que ir a trabajar; se marchó antes de las diez.

Antes de salir, le dejó una nota.

Carolina, con la espalda y la cintura adoloridas, se incorporó. Por más que hubiera mejorado, ni de lejos alcanzaba el desenfreno de ese hombre.

Acababa de terminar de arreglarse y se sentó a desayunar cuando le entró una llamada de Mónica.

—Carito, ¿dónde estás?

Carolina se sobresaltó.

—En casa, ¿por qué? ¿Pasó algo?

Del otro lado, el tono de Mónica era grave.

Carolina obedeció y bloqueó la pantalla.

Se dejó caer en el sofá, con el semblante confuso.

Zoe... ¿De verdad haría algo así?

Carolina no lograba entenderlo.

De pronto, se le ocurrió una idea. Bajó al garaje y se fue directo a la mansión Sanabria.

Apenas llegó, notó que afuera había varias personas reunidas, llenando la banqueta frente a la casa con flores blancas y veladoras.

—¡Tú eres la hermana de Zoe! ¿Estás feliz de haberla llevado a esto, eh?

Alguien le aventó una botella de agua contra el carro.

El encargado de la casa salió disparado a abrirle el portón y Carolina entró de inmediato.

—¿Está bien, señorita?

Carolina negó con la cabeza y subió directo al segundo piso. Algunas de las cosas de Zoe todavía estaban en el cuarto de triques.

Buscó entre los cuadernos viejos de su hermana y comparó la supuesta carta de despedida que circulaba en internet con la letra de Zoe. Al ojo, no había ninguna diferencia.

¿De verdad la había escrito Zoe?

[Fin de capítulo. (Último día del mes, solo hay una actualización hoy.)]

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