Andrés Quintero le dio una bofetada a su sobrino.
—¿Acaso te volviste loco? Yo soy el presidente del tribunal, no un mago. ¡Hasta a tu propia familia te atreves a engañar con tal de manipular mujeres!
En la familia Quintero había tres hermanos: el mayor, Andrés, era funcionario público; el segundo, Félix Quintero, trabajaba en la oficina de recursos; y la menor, Estela, seguía encerrada en la cárcel.
Antes, cuando Estela se casó con Pablo, que era todo un personaje, su posición en la familia estaba por las nubes.
Además, Pablo, gracias a su cuñado Félix, había conseguido varios proyectos.
La última vez que Estela quiso tenderle una trampa a Carolina, mandó a su sobrino Damián Quintero para encargarse, pero el plan terminó en desastre. Carolina logró voltear la situación y los obligó a los dos a disculparse públicamente en todas las redes.
Desde aquel momento, Damián le guardó resentimiento a su tía.
Tras la entrada de Estela en prisión, Zoe fue enviada por Mauro al campo, donde pasó un año entero trabajando la tierra.
Cuando Zoe regresó, ya no tenía a su segundo pilar, porque Pablo también había muerto.
Así que Zoe terminó de vuelta en la casa materna.
Damián, con una amabilidad exagerada, la invitó a quedarse en su casa.
—Puedes quedarte el tiempo que quieras en la casa de tu primo —le decía, fingiendo generosidad.
Pero Zoe nunca imaginó que su primo era peor que un lobo vestido de oveja.
Una vez, después de una borrachera, Damián la forzó.
Damián tenía algo de dinero, y con su papá y su tío como empleados públicos, se sentía intocable.
Así, empezó a mantener a Zoe prácticamente como prisionera.
Si no hubiera sido porque Marisol fue a buscarla, Damián jamás la hubiera dejado ver a nadie, temiendo que se descubriera todo.
Cuando Marisol se enteró de las barbaridades que esa bestia le había hecho a su amiga, sintió un asco tan profundo que casi vomita.
Pero, ¿a quién podía culpar? Al final, su amiga también tenía parte de culpa por ser tan ingenua.
¡Con todo a su favor, terminó perdiendo la partida!
Si Zoe hubiera sabido cómo mantener siempre a su papá de su lado, nunca habría acabado tan mal.
Marisol intentó tranquilizarla:
—Zoe, tengo un departamento vacío. Puedes quedarte ahí por ahora. ¿Te parece bien?
Zoe asintió con la mirada perdida, sin saber qué rumbo tomaría su vida a partir de ahora.
—Ay, Zoe, antes eras la consentida. El señor Pablo te adoraba, y la señora también te protegía.
Gracias a su talento, se había ganado ese papel estelar.
Carolina pensaba que el año siguiente Natalia seguiría subiendo como espuma, pero ese día, Natalia soltó la bomba:
—Carito, Moni… quiero regresar a casa.
Las dos se quedaron mudas.
—¿Regresar? ¿A cuál casa? Natalia, ¿a dónde te vas a ir?
Natalia había entrado al mundo del espectáculo en contra de su familia. Ahora, sentía que ya había probado todo lo que podía.
Había pasado por el anonimato y por el éxito. Sentía que ya había vivido suficiente de ese mundo.
—Mis papás están en el extranjero. Nunca estuvieron muy de acuerdo con que actuara, pero les pedí unos años para intentarlo por mi cuenta. Ya pasó ese tiempo y creo que es momento de volver.
Carolina abrió la boca, sorprendida.
—¿Y no vas a regresar? ¿Ya nunca?
No esperaba que justo ahora, que ella acababa de regresar, Natalia decidiera irse.
Aunque la amistad con Natalia era más reciente, Carolina la valoraba mucho.

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