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DIÁVOLO. Una esclava para el monstruo romance Capítulo 2

CAPÍTULO 2: Renzo Viscontti

El humo de las máquinas, los gritos constantes y la música ensordecedora llenaban el antro más exclusivo de Roma, pero por suerte aquellos palcos privados estaban insonorizados, porque había gente muy importante que solo iba a hacer negocios; y desde el suyo Renzo Viscontti observaba todo con indiferencia.

Las luces bailaban al ritmo de la música, y los cuerpos se movían al compás en la pista de abajo, pero nada de eso le interesaba. Como tampoco le interesaba el hombre que tenía frente a él, intentando explicarle por qué debía ayudarlo.

Estaba sentado en una butaca de cuero negro, con un vaso de whisky en la mano, mientras el senador Michele Ricci seguía hablando como todo buen político y Renzo apenas le prestaba atención.

—Es una situación perfecta, señor Viscontti —insistía Ricci con tono n un poco frustrado—. Si gano las elecciones, puedo garantizarle acceso a todos los contratos que quiera en el gobierno, a todas las posiciones que quiera para sus contactos o sus hombres. Será un trato beneficioso para ambos. Solo necesito su apoyo…

Renzo suspiró, exhalando lentamente mientras miraba el hielo derretirse en su vaso. Luego, levantó la mirada y lo observó con una expresión de absoluto desinterés en su rostro.

—Las apuestas ya están hechas, Ricci —dijo Renzo en un tono gélido—. Este no es tu año. Tal vez para la próxima candidatura, ven a verme entonces. Quizás lleguemos a un acuerdo.

El senador frunció el ceño, nervioso. No estaba acostumbrado a que lo rechazaran, pero no era fácil persuadir a un bloque de concreto. A Renzo Viscontti era más fácil romperlo que doblarlo.

—Señor Viscontti, por favor, escúcheme. Tengo dinero, mucho dinero. Puedo pagarle lo que me pida. Solo deme una oportunidad…

Renzo descruzó las piernas lentamente, dejando el vaso sobre la mesa con un golpe seco, y con la mayor tranquilidad sacó una pistola del arnés bajo su chaqueta y la sostuvo frente al rostro del senador. El arma brillaba bajo las luces tenues del club, y el silencio que siguió fue aplastante.

—Por supuesto, te voy a dar la oportunidad de que te calles una vez —susurró con fastidio mientras sus ojos oscuros y penetrantes se mantenían fijos en los de Ricci—. Si tengo que repetirlo dos veces, no llegarás a la próxima candidatura vivo.

El senador palideció, y su mirada osciló entre la pistola y el rostro imperturbable de Renzo antes de hacer un simple gesto afirmativo y salir apresuradamente del palco, empujando a los guardias en su prisa por largarse.

Renzo guardó la pistola y dejó caer atrás la cabeza, visiblemente aburrido, mientras sus hermanos, Aurelio y Adriano, lo observaban desde el otro extremo de la sala.

Adriano, el mayor de los tres, era el cerebro estratégico del imperio Viscontti, mientras que Aurelio era el encargado “práctico” de los negocios, la cara que más veían. Y Renzo… bueno, Renzo era el que hacía la limpieza.

Los dos mayores intercambiaron una mirada preocupada antes de acercarse a él e increparlo.

—¿Qué pasa contigo esta noche? —preguntó Aurelio, arqueando una ceja—. Estás más irascible de lo normal.

Renzo los miró con el ceño fruncido, apretando la mandíbula antes de responder.

—El ruido me molesta —dijo simplemente—. Toda la gente, hablando, riendo... me agobia.

—El maldito palco está insonorizado, Renzo. Además esto es parte del trabajo. Sabes cómo es este juego —lo reconvino Adriano, pero en el mismo momento en que su hermano lo miró a los ojos, supo que no estaba hablando de un momento en específico.

CAPÍTULO 2: Renzo Viscontti 1

CAPÍTULO 2: Renzo Viscontti 2

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