Mientras Adrián permanecía en el hospital esperando una respuesta que nadie podía darle todavía, Fernanda llegó a la mansión de los Montenegro con una sensación difícil de explicar, porque ya se había enterado que Daniel había sido detenido y que Victoria estaba a salvo de él, pero también sabía que nada de aquello borraba las decisiones que habían tomado durante los últimos meses ni las consecuencias que ahora empezaban a alcanzar a todos.
Isabel estaba sentada cerca de Regina cuando Fernanda entró, mientras Ernesto permanecía de pie junto a una de las ventanas con el teléfono en la mano y una expresión que no lograba ocultar la preocupación, de modo que ninguno necesitó preguntar demasiado para que ella entendiera que ya sabían que Victoria había sido trasladada al hospital después del accidente.
—¿Cómo está? —preguntó Fernanda apenas se acercó.
Isabel negó despacio.
—Todavía no saben bien, Adrián llamó hace unos minutos y dijo que la estaban revisando porque comenzó con molestias después del choque.
Fernanda sintió que el alivio que había llevado consigo desde que supo que Daniel estaba detenido desaparecía casi por completo.
—¿Y el bebé?
—Tampoco saben nada todavía.
Durante unos segundos nadie habló, porque cualquier intento de tranquilizarse parecía absurdo mientras Victoria continuara dentro de urgencias y todos recordaran demasiado bien lo que había ocurrido antes de que pudiera llegar hasta allí.
Regina permanecía con el rostro aún marcado por el ataque de la mansión, aunque fue la primera en observar a Fernanda con suficiente atención para notar algo que los demás no habían mencionado.
—¿Dónde estabas?
Fernanda sostuvo su mirada, consciente de que aquella pregunta llegaría tarde o temprano.
—Buscando respuestas.
Isabel se incorporó de inmediato.
—¿Otra vez sola?
Fernanda exhaló con cansancio.
—No sabía cuánto tiempo tenía y tampoco quería llevar a Adrián detrás de otra pista mientras Victoria seguía desaparecida.
—Eso no significa que puedas seguir haciendo lo que quieras sin decirle nada a nadie —respondió Isabel—, porque después de todo lo que pasó con Daniel deberías entender mejor que nadie lo que significa desaparecer sin explicar adónde vas.
Fernanda recibió el reproche sin discutir de inmediato, aunque algo en ella ya no estaba dispuesto a aceptar que cada error terminara convertido en una sentencia definitiva sobre quién era.
—Entiendo perfectamente lo que significa, mamá, y precisamente por eso fui, porque si William Harrignton sabía algo sobre Daniel yo necesitaba averiguarlo antes de que alguien más terminara pagando por lo que él había hecho.
Ernesto se volvió hacia ella.
—¿William Harrington?
Fernanda asintió.
La expresión de Isabel cambió.
—¿Fuiste a buscarlo?
—Sí.
—¿Y se te ocurrió hacerlo sola?
Fernanda estuvo a punto de responder con el mismo tono, pero antes de hacerlo Regina intervino con una calma que consiguió cambiar la dirección de la discusión.
—Tal vez deberíamos dejar de preguntarnos quién tomó la peor decisión y empezar a aceptar que todos llevamos demasiado tiempo decidiendo por los demás creyendo que sabemos qué les conviene.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....