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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 428

Fernanda fue la primera en sentarse, no porque quisiera terminar la conversación, sino porque la noticia sobre Victoria había conseguido devolverle de golpe todo aquello que había intentado mantener bajo control desde que dejó a William, mientras Isabel permanecía cerca de Ernesto y Regina observaba a los tres con la misma preocupación que llevaba horas reflejada en el rostro. Sabía que tendría que contarles una parte de lo que había descubierto y estaba dispuesta a hacerlo, pero también había detalles de aquella conversación que todavía no podía repetir en voz alta, no porque quisiera seguir ocultándolos, sino porque algunas de las cosas que William le había revelado resultaban demasiado perturbadoras como para mezclarlas en ese momento con el miedo por Victoria.

—Dijiste que hablaste con William —recordó Ernesto finalmente—. ¿Qué fue lo que te dijo?

Fernanda apoyó las manos sobre las piernas antes de responder.

—Su abuelo estaba enfermo y todos sabían que probablemente no le quedaba demasiado tiempo, pero Daniel no quiso esperar.

Isabel frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Que aceleró su muerte cuando estuvo en Londres.

La respuesta cayó con suficiente peso para que ninguno interrumpiera durante unos segundos. Fernanda continuó explicando que William había reunido durante años movimientos, medicamentos, pagos y personas relacionadas con los últimos meses de vida del duque de Ravenshire, hasta llegar a la conclusión de que Daniel había aprovechado su enfermedad para adelantar una muerte que después todos atribuyeron a su estado de salud.

Ernesto negó lentamente.

—¿Para quedarse con una herencia?

—Con parte del patrimonio, con propiedades y con una posición dentro de la familia que el duque había decidido concederle para compensarlo, porque nunca logró superar la culpa de haber perdido a su hija después de negarse a aceptar al padre de Daniel y terminó intentando reparar con su nieto aquello que ya no podía arreglar con ella.

Isabel se quedó inmóvil.

—Entonces la intervencion de William no tiene nada que ver con Victoria y Adrian.

Fernanda levantó la mirada, consciente de que, si sus padres llegaban a descubrir el motivo principal de la intervención de William, probablemente enloquecerían. Quizá aquella forma obsesiva de aferrarse a alguien hasta convertirlo en una pertenencia no era exclusiva de Daniel, sino algo que también corría por la familia.

—No.

Aquella confirmación parecio mantener tranquilos a sus padres.

—William vio la oportunidad de vengarse y la tomo.

Fernanda continuó explicando que William no le había dado a Daniel libertad completa ni recursos ilimitados, sino únicamente lo suficiente para mantener viva la idea de que todavía contaba con un aliado poderoso, mientras en realidad seguía sus movimientos, reducía sus posibilidades y se aseguraba de que regresara a él cada vez que necesitara ayuda, aunque nuevamente evitó mencionar que esa vigilancia no había nacido únicamente del odio que William sentía por su primo.

Isabel la observó con atención.

—¿Y tú confías en ese hombre?

La pregunta consiguió que Fernanda tardara más de la cuenta en responder, lo que provocó que Regina notara la pausa.

—Tu silencio no sonó como un sí.

Fernanda apoyó la espalda contra el sillón.

—No dije que confiara en él, solo dije que la información que me mostró explica muchas cosas que antes no tenían sentido.

—No es lo mismo —respondió Regina.

—Lo sé.

Isabel sostuvo la mirada de su hija durante varios segundos, porque aunque no tenía ninguna prueba de que Fernanda estuviera mintiendo o le ocultara información, algo en la manera en que había respondido le hacía intuir que todavía existían detalles sobre William que no estaba dispuesta a compartir con ellos.

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