Los días siguientes avanzaron con una lentitud extraña, porque regresar a la mansión no significó recuperar de inmediato la tranquilidad que habían perdido, aunque poco a poco Camille comenzó a separarse de sus padres durante periodos más largos y Mathis dejó de comprobar constantemente que todos continuaran en la misma habitación, mientras Victoria seguía las indicaciones médicas y Adrián hacía un esfuerzo evidente por acompañarla sin convertir cada recomendación en una nueva regla.
Fue precisamente después de una de sus revisiones cuando Victoria recibió la noticia de que Laura estaba despierta y lo suficientemente estable para recibir visitas breves, algo que despertó una mezcla de emociones que había intentado aplazar porque todavía no sabía qué podía decirle a una mujer a la que había querido como amiga y que, al mismo tiempo, había entregado información a Daniel antes de comprender hasta dónde era capaz de llegar.
—Quiero verla —dijo mientras regresaban al vehículo.
Adrián no mostró sorpresa.
—Lo imaginé.
Victoria lo observó esperando alguna objeción, pero él únicamente preguntó si prefería ir ese mismo día o esperar hasta después de descansar, y esa manera de darle espacio para decidir consiguió que ella terminara eligiendo hacerlo de inmediato.
Cuando entró a la habitación, Laura parecía mucho más frágil de lo que Victoria recordaba, no solo por las heridas y el cansancio, sino porque la seguridad con la que acostumbraba hablar había desaparecido de su expresión.
—Pensé que no vendrías —admitió Laura.
Victoria tomó asiento sin acercarse demasiado.
—Yo también pensé que quizá no lo haría.
Laura bajó la mirada, aceptando la distancia sin intentar romperla.
—¿Los niños están bien?
—Físicamente sí, aunque todavía estamos trabajando en todo lo demás, y Eduardo ya está nuevamente con Clara.
Laura cerró los ojos como si aquella respuesta hubiera retirado una parte del peso que cargaba.
—¿Y tú?
Victoria tardó en responder.
—Todavía estoy averiguándolo.
La honestidad pareció dolerle más que cualquier reproche.
Laura acomodó una mano sobre la sábana y permaneció unos segundos sin hablar, hasta que finalmente admitió algo que Victoria necesitaba escuchar sin adornos.
—Cuando empecé a ayudar a Daniel nadie me obligó, porque yo estaba convencida de que Adrián no había cambiado y creí que si conseguía demostrarlo te haría un favor, pero después, cuando entendí que Daniel no buscaba protegerte ni exponer a tu esposo, ya había entregado demasiado.
Victoria sintió cómo la rabia regresaba, aunque no de la misma forma que antes.
—Compartiste horarios, movimientos y cosas privadas de mi matrimonio porque decidiste que tú sabías mejor que yo qué hombre debía tener cerca.
—Sí.
La ausencia de una excusa consiguió que Victoria guardara silencio.
—Después me amenazó y me controló, pero eso no borra lo que hice antes —continuó Laura—, y no quiero utilizar lo que me pasó para fingir que todo empezó cuando dejé de tener opciones.
Victoria sostuvo su mirada.
—Me alegra que lo entiendas, porque yo puedo reconocer que Daniel te convirtió en otra de sus víctimas sin olvidar que antes de eso tú también me traicionaste.
Laura asintió con los ojos húmedos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....