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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 421

Y es que aquel ruido no era otro que el de las sirenas de policia que parecían acercarse desde distintos puntos, mezclándose con el sonido de motores y voces lejanas hasta conseguir que Daniel levantara la cabeza, aturdido después de haber golpeado la frente contra el cristal lateral.

Victoria apenas conseguía recuperar el aire cuando miró hacia atrás y comprobó que Camille abrazaba a Mathis mientras Eduardo permanecía encogido entre las bolsas, llorando pero consciente, y solo después de verlos moverse se permitió llevar ambas manos hacia su vientre, intentando sentir cualquier señal que le confirmara que el bebé también estaba bien.

—¿Están lastimados? —preguntó mientras intentaba girarse hacia ellos sin hacer movimientos bruscos.

Camille negó entre lágrimas y Mathis hizo lo mismo, aunque ninguno tuvo tiempo de decir más porque Daniel comenzó a forcejear con su puerta.

—¡Abre!

Golpeó el seguro y empujó varias veces, pero el impacto había deformado parte del vehículo y la puerta no cedía. Daniel soltó una maldición mientras miraba por el parabrisas quebrado hacia la carretera, donde las sirenas se escuchaban cada vez más cerca, y aquella evidencia de que la policía estaba llegando pareció borrar lo poco que todavía conservaba de paciencia.

—Sal del auto, Victoria.

Ella probó su propia puerta y descubrió que tampoco se movía.

—No abre.

—¡Haz que abra!

—¿Cómo quieres que haga eso después de que chocamos?

Daniel giró bruscamente hacia ella y Victoria vio su mano ir hacia el arma que llevaba consigo, provocando que instintivamente se colocara entre él y los niños tanto como el espacio reducido se lo permitía.

—No hagas ninguna tontería.

—Entonces consigue salir.

—Te acabo de decir que mi puerta tampoco abre.

Daniel volvió a mirar hacia atrás y Eduardo se escondió detrás de Mathis apenas vio el arma.

—¡Daniel, bájala!

—Que nadie se mueva.

Victoria extendió una mano intentando mantener su atención lejos de los pequeños.

—Mírame a mí, ellos no tienen nada que ver con esto.

A través del parabrisas alcanzaron a ver pasar uno de los vehículos que había acompañado a Daniel, pero en lugar de detenerse para ayudarlo aceleró en dirección contraria a las sirenas. Otro hizo exactamente lo mismo unos segundos después. Daniel observó incrédulo cómo sus propios hombres lo abandonaban.

—Cobardes.

Victoria comprendió inmediatamente lo ocurrido: preferían huir antes que quedarse atrapados en un enfrentamiento con la policía y, por la expresión de Daniel, aquella traición inesperada acababa de quitarle otro pedazo del control que todavía intentaba mantener. Comenzó a golpear nuevamente la puerta hasta que consiguió moverla unos centímetros y, después de varios empujones, logró abrir suficiente espacio para salir.

Victoria aprovechó para mirar hacia los niños.

—Quédense juntos y no salgan hasta que llegue la policía.

—Mamá… —sollozó Mathis.

—Hazme caso, cariño, y cuidense entre todos.

Daniel rodeó el vehículo antes de que ella pudiera añadir algo y consiguió abrir desde afuera la puerta de Victoria tirando con tanta fuerza que el metal terminó cediendo.

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