Porque Daniel terminó de empujar a Victoria dentro del vehículo antes de cerrar la puerta, y esta apenas alcanzó a acomodarse para proteger su vientre del golpe contra el asiento, sintiendo que la rabia volvía a mezclarse con el miedo mientras él rodeaba el automóvil y ocupaba el lugar del conductor, sin darle siquiera oportunidad de mirar hacia la casa donde creía que Camille, Mathis y Eduardo continuaban encerrados. Fue entonces, mientras intentaba incorporarse y buscaba alguna posibilidad de abrir la puerta, cuando percibió un movimiento detrás de las bolsas colocadas en la parte posterior del vehículo.
Victoria estuvo a punto de girarse por completo, pero alcanzó a distinguir unos ojos conocidos entre dos cajas y tuvo que controlar hasta la respiración para no revelar nada.
Camille, la niña se llevó un dedo a los labios antes de que Victoria pudiera reaccionar y, junto a ella, alcanzó a distinguir parte del cabello de Mathis y después el rostro asustado de Eduardo, quien permanecía encogido entre unas mantas intentando no hacer ningún ruido. Durante un segundo, Victoria no supo si sentirse aliviada o aterrada ya que habían conseguido salir, pero ahora estaban dentro del vehiculo de Daniel.
—¿Qué miras? —preguntó él mientras encendía el motor.
Victoria volvió el rostro hacia la ventana con tanta naturalidad como pudo.
—La casa.
—Olvídala, porque no vamos a regresar.
Daniel puso el vehículo en movimiento mientras los otros autos comenzaban a seguirlos, y Victoria mantuvo las manos sobre el vientre intentando ordenar sus pensamientos sin mirar nuevamente hacia atrás, porque entendía que cualquier gesto podía delatar a los niños antes de que encontrara una forma de protegerlos. Durante los primeros minutos Daniel habló sobre el lugar al que pensaba llevarla, asegurando que allí podrían comenzar de nuevo sin interferencias, aunque Victoria apenas escuchaba fragmentos porque toda su atención estaba concentrada en los pequeños sonidos que podían surgir detrás de ella.
Cada cambio de velocidad, cada curva y cada bache le provocaban el temor de que alguna caja se moviera y dejara a los niños expuestos. Pensó en Adrián y en lo que sentiría si supiera que sus hijos estaban a pocos metros de Daniel, escondidos dentro del mismo vehículo donde él la llevaba, pero también se aferró a la idea de que aquello significaba algo importante: ya no estaban abandonados en la propiedad, seguían juntos.
Y mientras permanecieran juntos, todavía podía protegerlos. El automóvil avanzó varios kilómetros más antes de que un ruido sonara desde la parte posterior provocando que Daniel mirara por el espejo. Victoria sintió que el corazón se le detuvo.
—¿Qué fue eso?
—Alguna de las cajas —respondió rápidamente—. Metieron demasiadas cosas.
Daniel volvió a mirar hacia el frente, pero Eduardo, probablemente incómodo por permanecer tanto tiempo agachado, dejó escapar un pequeño gemido cuando una bolsa cayó sobre su pierna. Daniel frenó ligeramente y volvió la cabeza.
—¿Qué demonios…?
Victoria reaccionó antes de que pudiera detener completamente el vehículo.
—Daniel, mira el camino.
Pero él ya había visto movimiento detrás de los asientos y extendió una mano hacia las bolsas, apartando una hasta descubrir el rostro de Eduardo.
La expresión de Daniel cambió de inmediato.
—¿Qué haces tú aquí?
Eduardo intentó retroceder.
—Yo… yo quería buscar ayuda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....