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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 418

Daniel no le dio tiempo de responder antes de comenzar a arrastrarla por el corredor, sujetándola con suficiente fuerza para impedir que regresara a la habitación donde habían dejado a los niños, y Victoria reaccionó de inmediato intentando soltarse mientras una mano iba instintivamente hacia su vientre, no solo por miedo a caer durante el forcejeo, sino porque en ese momento era consciente de que debía proteger también al bebé que llevaba dentro.

—¡Suéltame! ¿A dónde me llevas?

Daniel siguió avanzando sin responder hasta que uno de sus hombres apareció desde una habitación lateral y se acercó esperando instrucciones.

—Nos vamos.

Victoria dejó de forcejear durante apenas un instante.

—¿Y los niños?

Daniel ni siquiera volvió la cabeza.

—Se quedan.

Aquella respuesta consiguió que ella tirara nuevamente del brazo intentando regresar por el corredor.

—¿Cómo que se quedan? No puedes dejarlos aquí.

Otro de los hombres que esperaba cerca de la salida pareció compartir la sorpresa.

—¿Los vamos a dejar solos?

Daniel se detuvo entonces y miró hacia atrás con evidente fastidio, como si aquella pregunta retrasara algo que ya había decidido.

—Sí, ya no los necesitamos y no pienso seguir cargando con problemas que nunca formaron parte del plan, así que cierren al salir y asegúrense de que nadie pueda seguirnos inmediatamente.

Victoria sintió que el miedo le subía hasta la garganta.

—Son niños, Daniel, no puedes simplemente encerrarlos y marcharte.

—Adrián los encontrará tarde o temprano.

—¿Y mientras tanto qué? ¿Cuánto crees que pueden quedarse solos sin saber qué está pasando?

Daniel retomó el camino hacia la salida mientras mantenía el agarre sobre ella. Victoria volvió la cabeza intentando escuchar cualquier ruido proveniente de la habitación donde habían quedado Camille, Mathis y Eduardo, pero el silencio que encontró resultó mucho más alarmante que cualquier llanto, porque unos minutos antes Camille había estado llamándola y ahora no escuchaba absolutamente nada.

—¿Por qué no se oye nada?

La pregunta consiguió que Daniel la mirara apenas.

—Porque finalmente entendieron que deben quedarse tranquilos.

Aquella explicación no la tranquilizó en absoluto. Victoria intentó regresar otra vez y Daniel tuvo que detenerse para sujetarla con ambas manos antes de que pudiera soltarse.

—Necesito verlos.

—No.

—Daniel, no están haciendo ruido y eso no es normal.

Él endureció el gesto.

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