Una semana después de aquella conversación en el taller, Victoria todavía no había decidido si le molestaba más que Adrián hubiera ordenado vigilar a su amiga sin consultarla o reconocer que, después de lo ocurrido, una parte de ella se sentía más tranquila sabiendo que alguien observaba el departamento de Laura.
—No entiendo qué demonios le pasa —dijo Camila mientras revisaba una serie de propuestas sobre la mesa—. Nos están cayendo tantos proyectos que dentro de poco vamos a necesitar contratar gente y Laura prácticamente desapareció justo cuando deberíamos estar celebrándolo.
Victoria mantuvo los ojos sobre su computadora.
Según los reportes que Adrián recibía, Laura no había salido de su departamento desde el día en que abandonó el antiguo taller. Ninguna visita había sido registrada, tampoco movimientos extraños, y aunque aquella información disminuía algunas de sus sospechas, generaba otras preguntas.
—Me dijo que seguía enferma.
Camila dejó el bolígrafo.
—Una semana completa encerrada no suena a un resfriado.
—Quizá necesita descansar.
—O quizá necesita que sus amigas dejen de permitirle desaparecer sin comprobar que sigue respirando.
Victoria levantó la mirada.
—Estaba pensando exactamente lo mismo. Si continúa así tendremos que visitarla, aunque solamente sea para asegurarnos de que realmente está cuidándose.
—Eso suena más razonable que seguir enviándole mensajes que contesta seis horas después con un “estoy bien”.
Victoria sonrió ligeramente.
Decidió no decirle que alguien vigilaba el edificio de Laura, porque incluso ella continuaba incómoda con aquello. Había discutido con Adrián la misma noche en que descubrió lo que había hecho, recordándole que vigilar personas sin su consentimiento se parecía demasiado a comportamientos que precisamente estaba intentando abandonar.
Adrián no había intentado justificarse.
Había aceptado que tenía razón, aunque también había señalado que Daniel continuaba libre y que cualquier persona relacionada con Victoria podía convertirse en un objetivo.
Al final llegaron a un acuerdo temporal: el guardia solamente permanecería en los alrededores del edificio y no interferiría en la vida de Laura a menos que detectara un peligro real.
—Por cierto —dijo Camila mientras volvía a sus documentos—, mañana tendremos que revisar la propuesta del hotel porque quieren modificar prácticamente la mitad del concepto sin aumentar presupuesto.
—Entonces van a descubrir que fundar nuestra propia agencia también significa aprender a decir que no.
—Me gusta esta nueva Victoria empresaria.
—A mí también.
Camila sonrió antes de mirar alrededor.
—¿Y Adrián? Me sorprende que no esté trabajando desde algún sillón cercano fingiendo que no te vigila.
Victoria rio.
—Está en terapia.
La expresión de Camila cambió inmediatamente.
—¿Adrián?
—Sí.
—¿Voluntariamente?
—Camila.
—Lo pregunto porque necesito dimensionar correctamente el milagro.
Mientras Victoria negaba divertida con la cabeza, a varios kilómetros de allí Adrián permanecía sentado frente a su terapeuta.
Durante las primeras sesiones había respondido muchas preguntas como si estuviera participando en una negociación: elegía cada palabra, racionalizaba emociones y convertía cualquier recuerdo doloroso en una explicación perfectamente estructurada.
Aquella tarde era diferente.
—Durante mucho tiempo pensé que el problema era perder a las personas —dijo—, pero creo que en realidad mi miedo comenzó mucho antes de tener algo que pudiera perder.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....