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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 385

Varios días después, Victoria volvió a integrarse poco a poco a su vida laboral, aunque aquella vez no regresó a una oficina ajena ni a una estructura en la que tuviera que responder ante decisiones tomadas por otros, porque Laura, Camila y ella habían acordado continuar con los proyectos que ya tenían en marcha y aprovechar el momento para abrir su propia agencia. La idea había comenzado casi como una conversación improvisada, pero terminó convirtiéndose en una posibilidad real cuando revisaron los clientes que todavía confiaban en su trabajo.

Adrián viajó con ellas únicamente porque después tenían otra cita médica para revisar la evolución del embarazo, al menos esa había sido la explicación oficial durante el trayecto, aunque Victoria sospechaba que él habría encontrado cualquier otra razón para acompañarla si la consulta no hubiera existido.

—No necesitas esperarme aquí —le dijo cuando llegaron al edificio y lo vio acomodar su computadora bajo el brazo—. Puedes ir a tu oficina y regresar cuando terminemos.

Adrián recorrió con la mirada la recepción y los sillones junto a los ventanales.

—Puedo trabajar perfectamente desde aquí, además sería absurdo cruzar media ciudad para regresar dentro de un par de horas.

Camila, que caminaba unos pasos delante de ellos, se volvió con una sonrisa demasiado entretenida.

—Claro, porque seguramente no tiene ninguna relación con que durante toda la mañana van a entrar y salir ejecutivos, inversionistas y hombres con traje.

Adrián no fingió indignación.

—Probablemente vigile a algunos, así que la acusación no es completamente injusta.

Victoria rio mientras negaba con la cabeza, porque años atrás una respuesta semejante le habría provocado incomodidad, mientras que ahora podía reconocer la diferencia entre unos celos admitidos y la necesidad de convertirlos en una orden. Adrián seguía siendo posesivo y demasiado atento a cualquier hombre que se acercara a ella, pero había comenzado a comprender que sentir algo no le daba derecho a decidir por ambos.

Laura sonrió apenas y bajó la mirada hacia sus notas, gesto que Victoria registró sin detenerse todavía a interpretarlo.

La reunión comenzó pocos minutos después y, apenas Victoria se levantó para presentar el concepto principal, todo lo demás pareció alejarse. Su voz recuperó aquella seguridad que aparecía cuando hablaba de algo que conocía bien, explicó la propuesta sin depender de cada diapositiva y respondió preguntas con tanta naturalidad que incluso Camila terminó observándola con satisfacción.

Desde la recepción, Adrián trabajaba de verdad, aunque la posición desde la que se había instalado le permitía ver buena parte de la sala a través de los cristales. Durante los primeros veinte minutos apenas levantó la cabeza, hasta que uno de los ejecutivos comenzó a intervenir con una frecuencia que dejó de parecer estrictamente profesional.

—La solución que planteaste para ese espacio me parece excepcional —comentó el hombre—. Me interesa entender cómo llegaste a esa distribución.

Victoria respondió con soltura, explicó el proceso y volvió a la presentación, pero unos minutos después el mismo ejecutivo la interrumpió para elogiar otra parte del proyecto, esta vez inclinándose hacia ella con una sonrisa que Camila detectó de inmediato.

Adrián levantó los ojos de la pantalla y permaneció observándolo antes de obligarse a regresar a su trabajo.

Cinco minutos después volvió a mirar.

El ejecutivo seguía concentrando buena parte de sus comentarios en Victoria, y aunque ninguno podía considerarse inapropiado, su entusiasmo resultaba lo bastante evidente para que Camila tuviera que contener una sonrisa. En lugar de rescatar a Adrián de la situación, comenzó a formular preguntas que obligaban a Victoria a extender sus explicaciones, disfrutando discretamente cada vez que él apretaba la mandíbula desde la recepción.

Durante un descanso, Camila se acercó a Victoria fingiendo revisar unas muestras.

—Tu esposo lleva casi una hora intentando decidir si romperle una silla en la cabeza a nuestro posible cliente lo que arruinaría demasiado la reputación de nuestra nueva agencia.

Victoria siguió la dirección de su mirada y encontró a Adrián aparentemente concentrado en la computadora, aunque bastó que el ejecutivo volviera a acercarse para que sus ojos se levantaran de inmediato.

—Está intentando comportarse —murmuró.

—Entonces deberíamos reconocerle el mérito, porque no sabía que Adrián pudiera asesinar a alguien solamente con la mirada.

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