Fernanda permaneció unos segundos con el teléfono todavía entre los dedos después de terminar la llamada, preguntándose si realmente había hecho lo correcto. Había actuado movida por una necesidad que en ese momento le pareció más fuerte que el orgullo, aunque ahora, con el silencio rodeándola, no podía evitar recordar que tampoco era como si sus abuelos sintieran precisamente cariño por ella.
A varios kilómetros de distancia y varios dias después Victoria esperaba sentada junto a Adrián, ambos habían intentado no hablar demasiado de aquella nueva revisión, como si evitar convertirla en el centro de cada conversación pudiera disminuir el miedo que todavía existía debajo de la aparente tranquilidad.
Adrián tenía una mano sobre la pierna de Victoria, pero no apretaba sus dedos ni revisaba el reloj a cada rato mientras ella había notado ese esfuerzo silencioso y, aunque no lo mencionaba, sabía perfectamente cuánto le costaba.
Cuando finalmente el especialista regresó con los resultados, Victoria sintió que su espalda se tensaba.
—Las cosas se ven considerablemente mejor —explicó el médico mientras acomodaba los estudios frente a ellos—. Los indicadores que nos preocupaban han mostrado una evolución favorable y, por ahora, no existe ninguna señal que justifique aumentar las restricciones.
Victoria dejó escapar el aire lentamente, mientras Adrián bajaba la mirada como si necesitara unos segundos para procesar que aquella vez las noticias no escondían una amenaza.
—¿Eso quiere decir que el embarazo está avanzando bien?
—Quiere decir que estamos en una situación mucho más favorable, aunque continuaremos vigilándolo. Victoria debe seguir cuidándose, evitando esfuerzos innecesarios y atendiendo cualquier cambio.
Adrián asintió, pero después de guardar silencio unos segundos formuló la pregunta que llevaba días rondándole la cabeza.
—¿Qué más puedo hacer yo?
El especialista levantó la mirada.
—Acompañarla.
La respuesta pareció desconcertarlo.
—Me refiero a si necesita alguna alimentación específica, medicamentos adicionales, algún dispositivo para controlar...
—Acompañarla —repitió el médico con una sonrisa leve—. Estar cuando ella necesite hablar, cuando tenga miedo o cuando simplemente quiera continuar con su vida sin sentir que todo gira alrededor del embarazo. Hay situaciones en las que ayudar no significa solucionar algo.
Victoria volvió el rostro hacia Adrián y descubrió que aquella explicación lo había afectado mucho más de lo que seguramente el especialista imaginaba.
Durante casi toda su vida, Adrián había entendido el amor mediante acciones que pudieran medirse: contratar al mejor médico, aumentar la seguridad, comprar lo necesario, eliminar amenazas y construir soluciones antes de que alguien pudiera pedírselas. Permanecer junto a una persona sin intentar controlar lo que pudiera ocurrir era, para él, un aprendizaje mucho más complicado.
Después de abandonar el consultorio caminaron por el pequeño corredor comercial ubicado frente al hospital, hasta que Adrián se detuvo inesperadamente.
Victoria siguió la dirección de su mirada y descubrió una tienda infantil.
—¿Qué pasa?
Él dudó antes de señalar el aparador. Entre mantas, sonajas y ropa diminuta había unos pequeños zapatos blancos que apenas cabrían en la palma de una mano.
—Los estuve viendo la última vez que vinimos.
Victoria lo miró sorprendida.
—¿Vienes aquí a ver zapatos de bebé mientars me esperabas?
—No puedes culparme.
—¿Por qué no los compraste?
Adrián mantuvo la vista en el aparador.
—Nose.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....