Ya en trayecto Fernanda se repetía a si misma que definitivamente no confiaba en Alejandro y que precisamente por eso necesitaba escucharlo.
Al llegar, un investigador la recibió y la condujo hasta una sala separada donde Alejandro ya esperaba. El hombre parecía cansado y considerablemente más viejo, aunque no encontró en su rostro el arrepentimiento que supuestamente justificaba aquella reunión.
Tomó asiento frente a él.
—Aquí estoy. Discúlpate.
Alejandro la observó durante unos segundos.
—Sigues teniendo el carácter de una mujer que siempre se sale con la suya.
Fernanda apoyó la espalda contra la silla.
—Y estás desperdiciando mi tiempo, así que si me querías para disculparte, adelante.
Aquello fue suficiente para confirmar lo que sospechaba. Alejandro no había solicitado verla porque sintiera culpa.
—No quiero discutir — le aseguro él.
—Entonces empieza con esa disculpa tan urgente.
El hombre desvió la mirada.
—Daniel cometió errores.
Fernanda sintió cómo el resentimiento comenzaba a subirle por el pecho, pero no permitió que se reflejara más de lo necesario.
—Torturarme, secuestrarme e intentar destruir mi cabeza ahora se llaman errores.
—Mi hijo estaba desesperado.
—Qué alivio. Pensé que había sido completamente consciente de lo que hacía.
Alejandro tensó la mandíbula.
—No entiendes lo que Daniel ha vivido.
Fernanda inclinó ligeramente la cabeza.
—Y tú no entiende lo poco que me importa.
El hombre la estudió con atención, quizá esperando reconocer a la mujer que Daniel había conseguido desestabilizar durante su cautiverio.
—Daniel siempre supo cómo funcionabas.
Fernanda sintió el golpe, pero no le concedió la reacción.
—No. Daniel observaba, manipulaba y después confundía sus propias conclusiones con conocer a una persona.
—Te conoce mejor de lo que crees.
—Me hizo cuestionar lo que veía, lo que recordaba y hasta lo que sentía. Eso no significa que me conociera; significa que sabía hacer daño.
Alejandro permaneció callado mientras Fernanda se inclinó apenas hacia delante.
—La disculpa era mentira. ¿Para qué querías verme?
—Necesitaba saber qué clase de mujer había salido de todo aquello.
—Pues ya lo sabe. ¿Algo más?
Alejandro soltó el aire.
—Daniel tenía razón en una cosa. Todos ustedes reaccionan exactamente como él espera.
—¿También tú?
El silencio cambió y Fernanda lo notó.
—¿Qué hizo?
—No sabes de qué hablas.
—Entonces explícame por qué dejaste de colaborar con las autoridades justo cuando Daniel necesitaba que todos miraran hacia otro lado.
Alejandro mantuvo los ojos sobre ella demasiado tiempo.
—Mi entrega tampoco ocurrió como ellos creen.
Fernanda se quedó inmóvil.
—Continúa.
—Daniel me pidió que lo hiciera.
Aquella respuesta consiguió ordenar varias piezas desagradables.
—¿Tu hijo te pidió que te entregaras?
—Sí.
—¿Por qué?
—Eso no te lo voy a decir.
Fernanda soltó una pequeña sonrisa.
—Porque no lo sabes.
Alejandro apretó la mandíbula.
—Daniel tiene un plan.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....