Mientras Daniel estaba planeando su próximo ataque en la mansión de la familia Altamirano una llamada llegó mientras Fernanda seguía con Ernesto e Isabel, y bastó ver la expresión de su padre al escuchar al investigador para que entendiera que algo había cambiado.
Ernesto permaneció varios segundos en silencio antes de activar el altavoz.
—Repítalo.
—Alejandro Reyes dejó de cooperar esta mañana. No quiere responder más preguntas ni proporcionar información adicional sobre Daniel. Dice que solo volverá a hablar si le permiten conversar personalmente con Fernanda.
Isabel reaccionó de inmediato.
—Eso no va a suceder.
Fernanda levantó la mirada hacia el teléfono.
—¿Dijo por qué quiere verme?
El investigador dudó antes de contestar.
—Asegura que quiere disculparse en nombre de su hijo y también por el daño que ellos les provocaron como familia. Según él, necesita decírselo personalmente.
Isabel soltó una expresión de incredulidad.
—¿Ahora quiere disculparse? Después de todo lo que Daniel hizo, ¿espera que Fernanda vaya voluntariamente a sentarse frente a ese hombre?
—No sabemos cuáles son sus verdaderas intenciones —aclaró el investigador—. Únicamente estamos transmitiendo su condición.
—Pues ya tienen nuestra respuesta —intervino Ernesto—. No.
Fernanda había permanecido callada, observando a sus padres reaccionar exactamente como esperaba. Isabel hablaba de protegerla, Ernesto de una posible trampa y, aunque comprendía perfectamente sus razones, algo dentro de ella se resistía a volver a quedarse sentada mientras otros decidían cuál era la mejor forma de enfrentar un problema que también le pertenecía.
—Voy a ir.
Sus padres voltearon hacia ella.
—No —respondió Ernesto.
Fernanda arqueó una ceja.
—No te estaba pidiendo permiso.
—Fernanda, es una trampa evidente.
—Ya lo sé, papá. Precisamente por eso quiero saber qué pretende.
Isabel se acercó.
—No tienes que demostrar nada. Ese hombre puede estar intentando utilizarte otra vez.
—Durante demasiado tiempo Daniel y todos los que estaban alrededor decidieron qué hacer conmigo, qué debía saber, qué debía creer y hasta cuándo tenía derecho a tener miedo. Ya me utilizaron suficiente. Si Alejandro cree que puede hacerme ir hasta ahí para mover otra pieza del juego de su hijo, al menos esta vez voy a sentarme sabiendo que existe un juego.
Ernesto negó.
—Eso no significa que tengas que exponerte.
—Significa que estoy cansada de esconderme esperando que los demás solucionen las cosas.
Isabel tomó su teléfono.
—Voy a llamar a Victoria y Adrián.
Fernanda no pudo evitar reírse.
—De esos dos no se hace uno.
Isabel la miró, ofendida.
—¿Qué quieres decir?
—Que tienen dinero, contactos, seguridad, investigadores y prácticamente cualquier recurso que alguien pudiera necesitar, pero Daniel sigue libre. Lo verdaderamente preocupante ni siquiera es que no puedan encontrarlo, sino que cada movimiento suyo demuestra que parece estar varios pasos por delante.
—Encontrar a alguien como Daniel no es sencillo —respondió Ernesto—. Adrián está utilizando todos los recursos posibles y Victoria tampoco se ha quedado cruzada de brazos.
—Y aun así Daniel consigue llamadas, información, fotografías y accesos cada vez que quiere. Si siguen reaccionando después de cada movimiento, tarde o temprano va a adelantarse otra vez y va a terminar secuestrando a Victoria.
Isabel perdió el color del rostro.
—Fernanda.
—¡No hables así delante de tu madre! —la reprendió Ernesto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....