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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 380

La conversación de los niños continuó durante varios minutos y ninguno de los adultos intentó detenerla. Victoria descubrió que Camille y Eduardo habían construido entre ellos una comprensión que no necesitaba demasiadas explicaciones, porque ambos conocían esa sensación de observar los rostros de los mayores tratando de adivinar si una noticia podía cambiarles la vida.

Mathis se acercó después y terminó sentándose junto a Camille, escuchando sin hacer preguntas hasta que Eduardo explicó que algunas veces odiaba los hospitales aunque supiera que eran precisamente los lugares donde ayudaban a que siguiera bien.

—Yo odio las maletas —dijo Camille—, porque antes significaban que alguien podía decidir que tenía que irme.

Isabel, que había llegado poco antes, bajó la mirada.

Victoria sintió que aquellas palabras tocaban demasiadas heridas al mismo tiempo, pero no quiso convertir la conversación de los niños en otra discusión entre adultos.

—Entonces podemos hacer algo —propuso—. Si alguna vez necesitamos salir de casa por seguridad o por una emergencia, se los vamos a explicar antes de preparar nada siempre que exista tiempo para hacerlo.

Camille miró a Adrián.

—¿También tú?

Él asintió.

—También yo.

—Aunque estés preocupado.

Adrián dejó escapar una sonrisa cansada.

—Especialmente si estoy preocupado.

La respuesta pareció satisfacerla.

Más tarde, cuando los niños se fueron con Clara y Regina al comedor y la casa recuperó algo de tranquilidad, Victoria encontró a Adrián en la terraza. No estaba hablando por teléfono ni dando instrucciones; simplemente observaba el jardín con una expresión que ella conocía demasiado bien.

Se acercó por detrás y rodeó su cintura.

Adrián cubrió sus manos con las suyas.

—Todavía quiero encontrarlo.

Victoria apoyó la mejilla contra su espalda.

—Lo sé.

—No me refiero a que quiero que seguridad lo encuentre o que la policía consiga detenerlo. Una parte de mí sigue queriendo hacerlo personalmente.

Ella no aflojó el abrazo.

—Entonces tendrás que seguir eligiendo cada día no convertirte en el hombre que Daniel espera provocar.

Adrián giró lentamente dentro de sus brazos.

—Eso suena agotador.

—Cambiar suele serlo.

—Esperaba una respuesta más romántica.

Victoria levantó una ceja.

—Te estoy abrazando mientras te digo que no persigas a un hombre para golpearlo. Estoy haciendo mi parte.

Adrián finalmente sonrió.

—Supongo que tienes razón.

—Naturalmente.

Él pasó las manos alrededor de su cintura y la acercó con cuidado.

—Cuando apareció hoy, lo único que podía ver era que estaba demasiado cerca de ti.

Victoria apoyó las manos sobre su pecho.

—Yo también tuve miedo.

—Lo vi.

—Y eso no significa que necesite que conviertas cada lugar al que voy en una fortaleza.

Adrián hizo una mueca.

—Era una idea excelente hasta esa última parte.

Victoria negó mientras intentaba contener una sonrisa.

—El punto es que quiero seguridad mientras Daniel siga libre, pero también quiero seguir viviendo. Tengo médicos, trabajo, niños y una vida que no voy a poner en pausa esperando a que él decida aparecer.

—De acuerdo.

Ella lo observó con sospecha.

—Eso fue demasiado fácil.

—Estoy aprendiendo que discutir inmediatamente reduce considerablemente mis posibilidades de besarte después.

Victoria terminó riéndose.

—Entonces tu crecimiento personal sigue teniendo motivaciones cuestionables.

—Lo importante es el resultado.

Adrián inclinó el rostro, aunque se detuvo antes de besarla.

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