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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 371

A la mañana siguiente, Victoria seguía pensando en el video de Daniel mientras desayunaba con Camille y Mathis, aunque procuraba que ninguno de los dos notara cuánto le había alterado verlo vivo hablando de ella como si todavía existiera una historia pendiente entre ambos. Adrián, sentado frente a ella, aparentaba una calma que únicamente alguien que lo conociera bien podía reconocer como esfuerzo; respondía a los niños, corregía a Mathis cuando intentaba alimentar al perro debajo de la mesa y hasta permitió que Camille le explicara durante varios minutos por qué su corbata no combinaba con la camisa, pero su atención regresaba constantemente hacia Victoria.

—No tienes que mirarme cada treinta segundos —murmuró ella cuando los niños comenzaron a discutir sobre quién debía llevar un dibujo a Eduardo.

—No lo hago.

—Adrián.

—Estoy practicando la discreción.

Victoria sonrió apenas y esa pequeña reacción pareció aliviarlo más de lo que habría admitido. Clara llegó poco después con Eduardo para llevar a Camille y Mathis a una actividad que ya habían planeado, y cuando los cuatro niños desaparecieron por el pasillo acompañados por ella, la expresión de Adrián cambió de inmediato.

Se levantó, caminó hasta una de las ventanas y apoyó ambas manos sobre el marco mientras intentaba contener algo que llevaba horas guardando.

—Anoche quería salir a buscarlo.

Victoria no fingió sorpresa.

—Lo sé.

—Quería encontrar dónde esta, llegar antes que la policía y preguntarle personalmente qué demonios cree que está haciendo.

Ella se acercó sin prisa, aunque se mantuvo a suficiente distancia para permitirle terminar.

—No voy a decirte que no deberías sentirlo porque sería absurdo, pero sí voy a pedirte que no permitas que Daniel vuelva a decidir quién eres.

Adrián giró hacia ella.

—Escucharlo hablar de ti como si todavía tuviera algún derecho me resulta insoportable. No importa cuántas veces repita que entiende que elegiste otra vida; siempre termina hablando como si alguien te hubiera apartado de él.

—¿Estás celoso incluso después de que acabo de casarme contigo otra vez?

La pregunta consiguió arrancarle una sonrisa breve.

—Probablemente voy a seguir celoso cuando tengamos ochenta años y tú sigas diciendo que exagero.

—Los celos pueden ser atractivos cuando no terminan convertidos en órdenes.

Adrián avanzó hasta quedar frente a ella y apoyó una mano sobre su cintura, esperando apenas un instante antes de acercarla.

—Nunca aprendí a sentir poco cuando se trata de ti.

Victoria iba a responder, pero la forma en que él la miraba volvió innecesaria cualquier frase. Adrián inclinó la cabeza, ella alzó el rostro y estuvieron a punto de besarse cuando el teléfono de Victoria comenzó a vibrar sobre la mesa.

El número era desconocido y Adrián no intentó tomar el aparato, algo que Victoria agradeció porque la decisión seguía siendo suya. Contestó y, en cuanto escuchó la voz del otro lado, sintió que toda la ligereza del momento desaparecía.

—Victoria.

Era Daniel.

Adrián tensó la mandíbula, pero permaneció exactamente donde estaba mientras Victoria activaba el altavoz y dejaba el teléfono sobre la mesa.

—Habla.

—No esperaba que respondieras tan rápido.

—No confundas curiosidad con interés.

Del otro lado se produjo una breve pausa.

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