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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 370

—Amo al hombre que puede reconocer quién fue sin esconderse detrás del CEO perfecto —respondió Victoria—, porque ese hombre puede equivocarse, puede tener miedo y puede incluso seguir siendo insoportable, pero ya no necesita convencer a todo el mundo de que siempre tiene razón.

Adrián dejó escapar una sonrisa.

—Podías haber terminado antes de insoportable.

—Entonces habría sido una declaración incompleta.

Él apoyó finalmente la mano sobre su cintura.

—Sigue.

Victoria lo observó durante unos segundos, consciente de que años atrás habría dado cualquier cosa por tener una conversación así y que ahora, precisamente porque ya no necesitaba suplicarla, podía hablar con libertad.

—Cuando Mathis te preguntó si alguna vez intentaste decidir por mí, podrías haberle contado una versión conveniente. Podías decir que siempre actuaste pensando en mi seguridad y dejar que él creyera que eso explicaba todo, pero elegiste reconocer que algunas veces utilizaste la protección para justificar el control.

Adrián bajó ligeramente la mirada.

—No estoy orgulloso de ello.

—No necesito que lo estés, necesito que puedas mirarlo sin esconderte. Esa es la diferencia.

—¿Y eso fue lo que te hizo volver?

—Fue una de las razones por las que pude hacerlo.

Adrián volvió a mirarla.

—¿Cuáles fueron las otras?

—No abuses de tu suerte.

—Estoy haciendo investigación.

—Claro, porque todo contigo termina convirtiéndose en una negociación empresarial.

—Acabas de decir que amas al hombre detrás del CEO. Déjame adaptarme poco a poco.

Victoria sonrió antes de acercarse más.

—Volví porque dejaste de intentar impresionarme con lo que podías darme y empezaste a preguntarme qué quería. Porque comenzaste a escuchar cosas que no te gustaban y, aunque todavía te cuesta, ya no intentas resolver cada problema tomando el control.

Adrián acarició su cintura.

—Ojalá hubiera aprendido eso antes.

—Yo también, pero no puedo construir nuestra relación con el hombre que podrías haber sido hace años. Solo puedo decidir qué hago con quien eres ahora.

—¿Y qué quieres hacer conmigo ahora?

Victoria respondió acercando una mano a su rostro.

—Esto.

Lo besó con intensidad.

Adrián reaccionó rodeando su cintura y atrayéndola contra él, mientras Victoria dejaba que el beso expresara todo lo que las palabras no conseguían contener: el miedo, los errores que todavía dolían y la decisión consciente de volver a encontrarse sin fingir que nada había ocurrido.

Cuando se separaron, Adrián mantuvo el rostro cerca del suyo.

—Eso fue bastante convincente.

—Me alegra porque no pienso repetirlo para alimentar tu ego.

—Demasiado tarde, mi ego esta por los cielos.

Victoria rio y, aunque dijo que no lo repetiría, volvió a besarlo, esta vez con una ternura distinta. Durante unos minutos, Daniel dejó de existir, al igual que los investigadores, los resultados médicos y la amenaza que todavía permanecía alrededor de ellos.

Solo cuando Adrián apoyó una mano sobre su vientre, ella recordó las pruebas que repetirían al día siguiente.

—Tengo miedo de esperar que los resultados estén equivocados —admitió—. No quiero convencerme de que Daniel los manipuló y después descubrir que realmente estoy recayendo.

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