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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 363

La pregunta de Fernanda quedó suspendida entre todos con una fuerza capaz de transformar por completo la conversación. Victoria mantuvo los dedos entrelazados con los de Adrián, no porque necesitara que la sostuviera, sino porque aquel contacto le recordaba que seguía allí mientras una posibilidad que nadie se había permitido considerar amenazaba con devolverlos a un pasado que creían cerrado.

Regina fue la primera en reaccionar, aunque su voz perdió parte de la seguridad habitual.

—Estamos hablando de un hombre al que declararon muerto, Fernanda. No podemos convertir una serie de coincidencias en una conclusión de ese tamaño.

—No lo estoy haciendo —respondió ella—. Estoy diciendo que hay demasiadas cosas que no encajan con Alejandro. Si alguien más está manejando los accesos, necesitamos saber quién es, aunque al final descubramos que se trata de uno de los antiguos colaboradores de Daniel.

Victoria observó nuevamente los movimientos de la empresa en la tablet y sintió una incomodidad que ya no podía atribuir únicamente a la amenaza. Parte de ella deseaba escuchar una explicación sencilla, como un empleado leal, alguien contratado por Alejandro o incluso un oportunista aprovechando la estructura que Daniel dejó atrás, porque cualquier posibilidad resultaba más fácil de aceptar que imaginar al hombre al que Fernanda había disparado todavía vivo.

—Necesito salir un momento —dijo finalmente.

Adrián se volvió hacia ella, pero no intentó detenerla.

Victoria atravesó la estancia y llegó hasta la terraza, donde permaneció apoyada frente a la barandal intentando ordenar pensamientos que parecían ir en direcciones distintas. No tardó mucho en escuchar la puerta abrirse detrás de ella y supo quién era antes de verlo.

Adrián se acercó, aunque se quedó a varios pasos.

—¿Quieres estar sola?

Victoria tardó un momento en responder.

—No lo sé.

Él aceptó aquella respuesta y permaneció donde estaba, algo que meses atrás probablemente le habría resultado imposible. Victoria lo miró de reojo y terminó dejando escapar una exhalación cansada.

—Puedes acercarte. Solo necesitaba unos minutos sin todo el mundo hablándome al mismo tiempo.

Adrián caminó hasta quedar junto a ella, aunque tampoco la tocó, y Victoria agradeció silenciosamente ese detalle.

—Lo peor no es pensar que pueda seguir vivo —admitió—. Lo peor es todo lo que empieza a cambiar si resulta cierto.

—¿Qué cosas?

Ella bajó la mirada hacia sus manos.

—Recuerdos, conversaciones, momentos que creía míos y que ahora siento como si alguien hubiera entrado después a ensuciarlos. Daniel fue una de las primeras personas que me hizo sentir que podía volver a ser buena en algo después de años pensando que mi vida tenía que girar alrededor de todos ustedes. Cuando regresé a trabajar, él estaba ahí, valoraba mis diseños, me recomendaba para proyectos y parecía hacerlo porque realmente creía en mí. Ahora no sé cuántas de esas cosas fueron sinceras y cuántas formaban parte de algo que llevaba años construyendo.

Adrián sintió el golpe de aquellas palabras en un lugar incómodo, porque una parte de él seguía reaccionando con celos ante cualquier recuerdo positivo relacionado con Daniel; sin embargo, esta vez no permitió que esa reacción decidiera lo que iba a decir.

—No necesitas convertir todo lo que conseguiste en una mentira solo porque él haya mentido sobre otras cosas.

Victoria lo miró.

—Es fácil decirlo.

—No tanto como crees. Podría decirte que siempre supe que Daniel esperaba algo de ti o que debiste desconfiar desde el principio, pero eso no cambiaría nada y además sería bastante hipócrita viniendo de mí.

La sinceridad consiguió aflojar algo dentro de ella.

Adrián apoyó las manos sobre el barandal.

—Si Daniel abrió una puerta profesional, la cruzaste tú. Si alguien te presentó a un cliente, fuiste tú quien diseñó lo que ese cliente decidió comprar. Laura y Camila te ayudaron también, pero ninguna podría apropiarse de tu carrera por eso, y Daniel tampoco.

Victoria guardó silencio durante unos segundos y terminó acercándose hasta apoyar la cabeza contra su pecho. Adrián la rodeó con los brazos sin añadir ninguna explicación, porque empezaba a comprender que no todas las heridas necesitaban una solución inmediata.

—Gracias por no decirme qué debería sentir —murmuró ella.

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