Victoria recibió las palabras sin alivio inmediato, porque durante años había escuchado a Fernanda negar sus intenciones mientras preparaba otra manera de intervenir en su matrimonio. La diferencia era que, en esta ocasión, su hermana no pedía confianza ni utilizaba el parentesco para exigirla.
—Mi vida nunca estuvo disponible para que la reclamaras —respondió.
—Lo sé ahora, pero antes necesitaba imaginar que todo lo que tenías me pertenecía: Adrián, el reconocimiento de nuestros padres y hasta el derecho a recibir cuidados sin competir por ellos.
—También quisiste mi lugar cuando yo estaba enferma.
—Especialmente entonces, porque verte vulnerable me permitió sentirme superior sin tener que construir nada propio.
La respuesta resultaba desagradable, aunque Victoria agradeció que Fernanda no intentara disfrazarla con buenas intenciones. Durante demasiado tiempo, su familia había utilizado explicaciones cómodas para reducir cada agresión a una consecuencia de la enfermedad, los celos o la educación recibida.
—¿Dejar de desear mi vida significa que esperas estar en ella? —preguntó Victoria.
—No. Sé que quizá pasen años antes de que puedas verme sin recordar el hospital, el divorcio o todo lo que hice después de despertar. También sé que puede ocurrir que nunca desees volver a hablarme.
—¿Y aceptarías eso?
Fernanda tardó en responder.
—No me gustaría, pero tendría que aceptarlo. Que yo esté intentando cambiar no te obliga a ofrecerme una recompensa.
Victoria se llevó una mano al abdomen cuando sintió una molestia leve. Fernanda percibió el movimiento, aunque no avanzó para ayudarla.
—¿El embarazo está bien?
—Eso no te corresponde.
La repetición de las palabras que Adrián había utilizado dentro del elevador produjo una reacción amarga en Fernanda, pero respetó el límite.
—Tienes razón.
—Sin embargo, él te habló de los riesgos.
—Porque estaba asustado y no pudo hablar durante la sesión.
Victoria estudió su expresión.
—¿Por eso no responde mis llamadas?
—Salió antes que yo y no sé a dónde fue. No parecía capaz de escuchar a nadie.
—Dime qué ocurrió.
Fernanda podría haber utilizado la información para demostrar que Adrián confiaba en ella, pero ese impulso pertenecía a la mujer que había vivido en la mansión buscando provocar una ruptura.
—Me confesó algo relacionado con su miedo, aunque no me corresponde repetirlo. Lo importante es que necesita regresar a terapia y hablar contigo antes de convencerse de que protegerte le permite tomar decisiones en tu nombre.
—Eso ya lo hablamos.
—Entonces sabes de qué manera está reaccionando.
Victoria tomó el teléfono y llamó otra vez, pero Adrián no respondió. La preocupación apareció en su rostro antes de que consiguiera ocultarla.
—No vine para empeorar las cosas entre ustedes —añadió Fernanda—. Él no me buscó y yo tampoco planeaba hablar con él.
—Aun así, consiguió decirte algo que todavía no puede decirme a mí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....