Victoria recibió la llamada de seguridad mientras intentaba comunicarse nuevamente con Adrián. Él no había respondido sus últimos mensajes y la inquietud que le provocaba su silencio aumentaba, aunque escuchar el nombre de Fernanda la obligó a concentrarse en una amenaza distinta.
—¿Dijo por qué vino?
—Solamente pidió hablar con usted.
Victoria miró hacia el jardín, donde Camille y Mathis revisaban algunas invitaciones acompañados por Regina. No quería que los niños presenciaran un enfrentamiento ni permitir que Fernanda entrara en los espacios que ellos comenzaban a reconocer como seguros.
—Llévenla al salón cercano a la entrada y mantengan la puerta abierta.
Cuando Victoria llegó, Fernanda permanecía de pie junto a una ventana, sin revisar los objetos de la habitación ni adoptar la actitud de quien regresaba a un lugar conocido. Ambas se observaron durante varios segundos, conscientes de que cualquier saludo cordial habría resultado falso.
—No esperaba volver a verte aquí —dijo Victoria.
—Yo tampoco esperaba venir.
—Entonces será mejor que me expliques por qué lo hiciste.
Fernanda señaló uno de los sillones.
—¿Puedo sentarme?
—Hazlo.
La autorización no contenía cercanía, pero tampoco la hostilidad que Fernanda habría provocado meses atrás para utilizarla como evidencia de que Victoria continuaba compitiendo con ella. Se sentó y mantuvo las manos sobre sus piernas.
—No vine a pedirte que me perdones.
—Eso facilita la conversación porque no pensaba hacerlo.
Fernanda recibió la respuesta sin apartar la mirada.
—Tampoco vine a decir que Daniel fue responsable de todo. Él me secuestró, me lastimó y utilizó cosas que conocía sobre mí, pero muchas decisiones comenzaron antes de que pudiera culparlo.
Victoria cerró la puerta hasta dejarla entornada.
—Ya declaraste eso ante las autoridades.
—Lo dije como parte de una investigación. Necesitaba decírtelo a ti sin abogados, médicos ni nuestros padres escuchando para decidir qué versión les conviene más.
Victoria permaneció de pie porque sentarse frente a Fernanda le parecía conceder una comodidad que todavía no sentía.
—Habla.
Fernanda respiró antes de continuar. Había imaginado ese momento durante el camino, pero ninguna de las frases preparadas parecía adecuada frente a la mujer a quien intentó arrebatarle demasiado.
—Nunca amé a Adrián.
Victoria frunció el ceño.
—¿Viniste hasta aquí para hablarme de él?
—Vine porque durante años utilicé su nombre para justificar lo que sentía hacia ti. Creí que recuperarlo demostraría que yo seguía siendo más importante, aunque la verdad es que ni siquiera éramos compatibles.
—Eso no evitó que utilizaras tu enfermedad para mantenerlo cerca.
—No, porque no necesitaba amarlo para desear que te eligiera menos que a mí.
La crueldad de la confesión hizo que Victoria apretara los dedos, pero Fernanda no intentó modificarla.
—Querías verme perder.
—Sí. Cada vez que conseguías algo, yo lo interpretaba como una ofensa, y cuando Adrián comenzó a amarte de una manera que jamás me amó, preferí creer que ocupabas mi lugar antes que aceptar que ese lugar nunca existió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....