Al otro lado de la ciudad, Adrián continuaba conduciendo sin prestar atención, había pasado toda su vida convencida de que cualquier problema podía resolverse si contaba con información, dinero y suficiente autoridad. Incluso cuando habían pensado que les quitarían la custodia de los niños él estaba seguro de que con dinero al final podría resolverse la situación. Pero ahora ninguno de sus recursos podía garantizar que Victoria sobreviviera al embarazo.
Estacionó frente a un bar ubicado dentro de un hotel que utilizaba para recibir a clientes extranjeros. El encargado del acceso lo reconoció y se apresuró a abrirle la puerta, pero Adrián pasó junto a él sin responder al saludo.
El lugar tenía pocos clientes. Eligió un asiento al centro de la barra y pidió whisky. El hombre que atendía lo reconoció antes de servirlo, aunque evitó pronunciar su nombre.
Adrián bebió el contenido sin detenerse y empujó el vaso.
—Otro.
—¿Desea que le traiga algo de comer?
—Quiero otro.
El hombre obedeció. Durante los siguientes minutos, Adrián repitió la misma orden mientras observaba el teléfono colocado frente a él. Victoria volvió a llamar y su nombre permaneció en la pantalla hasta que el dispositivo dejó de vibrar.
—Puede responder —comentó el encargado—. Mantendré su lugar.
—No necesito que cuides mi lugar.
—Solamente intentaba ayudar.
—Entonces sirve otro.
El hombre tomó la botella, aunque dudó antes de llenar el vaso. Adrián reconoció el gesto y levantó la mirada.
—¿Cuál es el problema?
—Ha bebido demasiado rápido, señor Montenegro.
—No te pregunté cuánto he bebido.
—Tengo la responsabilidad de no seguir sirviendo si considero que un cliente puede ponerse en peligro.
Adrián soltó una carcajada carente de diversión.
—¿Sabes quién soy?
—Sí, señor.
—Entonces también sabes quién es dueño del grupo que mantiene contratos con este hotel.
El encargado tensó la mano alrededor de la botella.
—Lo sé.
—Sirve el trago.
El hombre obedeció, aunque colocó junto al vaso un plato con comida que Adrián ignoró.
—Puedo llamar a su chofer —ofreció—. Su automóvil permanecerá seguro aquí.
—No necesito un chofer ni alguien que me diga cuándo debo detenerme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....