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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 338

Adrián no respondió de inmediato. No confiaba en Fernanda y tampoco había olvidado todo lo que hizo contra Victoria, aunque su pregunta carecía de la competencia y el resentimiento que antes habrían acompañado cualquier mención de su hermana.

—Su salud no te corresponde.

—Tienes razón —admitió Fernanda—, pero llevas varios minutos actuando como si la terapia fuera una agresión y pareces necesitar hablar con alguien que no pueda darte la respuesta que deseas.

—¿Ahora pretendes aconsejarme?

—No. Apenas consigo entender mis propias decisiones y todavía existen días en que quisiera culpar a cualquier persona para no mirarme, así que no tengo autoridad para enseñarte nada.

La sinceridad redujo parte de la hostilidad de Adrián. Fernanda se sentó en el suelo después de que el personal anunciara otra demora, mientras él permanecía de pie, incapaz de adoptar una postura menos defensiva delante de la mujer que había intentado destruir su relación.

—La psicóloga que nos trató cuando éramos niños alimentó muchas cosas que ya existían dentro de mí —continuó Fernanda—. Me enseñó a interpretar cualquier distancia como abandono y cada elección de Victoria como un intento de sustituirme.

—También intentó manipularme incluso abuso de mí.

—Lo sé, pero tú reaccionaste cerrándote y yo convertí cada herida en una competencia. No actuamos igual, aunque los dos permitimos que sus palabras influyeran en la manera en que nos relacionábamos con otros.

Fernanda reconoció que durante años creyó amar a Adrián porque recuperarlo demostraría que seguía siendo la hija elegida, la mujer admirada y la hermana que siempre obtenía aquello que deseaba.

—Jamás te amé —declaró.

Adrián la observó, sorprendido por la facilidad con que pronunció algo que antes habría considerado una humillación.

—Desde que despertaste no hacías más que intentar hacer menos a Victoria y separarnos.

—No porque te amara, sino porque necesitaba ganar. Ahora que intento ser sincera conmigo, puedo admitir que ni siquiera me caías bien por ejemplo me culpas a mi de intentar separarte de Victoria, pero tu tomaste tus propias decisiones.

—No te creo éramos mejores amigos aunque es cierto que tuve culpa por como trate a Victoria.

—Siempre fuiste arrogante, desconfiado y estabas convencido de que todas las personas debían adaptarse a ti.

—Tú eras manipuladora y utilizabas cualquier debilidad para conseguir atención.

Fernanda asintió sin ofenderse.

—Por eso nuestras personalidades nunca encajaron. Nos llamábamos mejores amigos y estábamos prometidos en matrimonio porque nuestras familias esperaban que permaneciéramos juntos y porque cada uno obtenía algo de aquella relación. Yo recibía la comodidad de ser la prometida de Adrián Montenegro y tú evitabas reconocer que querías una vida distinta.

—Mi vida con Victoria no te pertenecía.

—Ya lo sé. Ella no me sustituyó porque no existía un lugar verdadero que pudiera robarme, pero aceptar eso significaba reconocer que desperdicié tiempo castigándola por una competencia que solamente vivía dentro de mí.

Fernanda no intentó presentarse como inocente. Admitió que haber sido manipulada durante su infancia no eliminaba la manera en que utilizó su enfermedad, sus celos ni las decisiones tomadas contra Victoria.

—Daniel encontró una herida que yo llevaba años alimentando y la utilizó, pero eso no convierte cada uno de mis actos en responsabilidad suya. Él agravó lo que existía, aunque yo también elegí muchas veces.

Adrián bajó la mirada. Aquella afirmación se parecía demasiado a lo que el terapeuta intentó explicarle: el miedo podía tener un origen, pero seguiría siendo responsable de lo que hiciera con él.

—Victoria está embarazada —reveló.

Fernanda levantó el rostro y, durante un instante, pareció olvidar el encierro.

—¿El bebé está bien?

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