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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 337

Adrián llegó a la consulta convencido de que cumplir con la exigencia de Victoria no significaba aceptar las conclusiones de un desconocido. Se sentó frente al terapeuta y explicó lo de Daniel, los resultados médicos y los riesgos del embarazo como si presentara un informe que no admitía interpretaciones, procurando reducir sus decisiones a una respuesta razonable ante un peligro comprobado.

—Su preocupación tiene fundamentos —reconoció el terapeuta—, pero eso no explica por qué comenzó a tomar decisiones otra vez sin consultar a su mujer.

—Victoria minimiza el peligro.

—¿O usted necesita creer que lo minimiza para justificar su vigilancia?

Adrián endureció la expresión.

—No vine para discutir si tengo derecho a preocuparme.

—Tampoco he dicho que no lo tenga. Estoy preguntando qué hace con ese miedo.

—Busco soluciones.

—Incluso cuando esas soluciones afectan el cuerpo de otra persona.

Adrián apartó la mirada. Hablar de la infancia, la pérdida y las decisiones de sus padres le parecía inútil frente a un riesgo médico real, pues ningún recuerdo modificaría los resultados ni impediría que el embarazo exigiera demasiado al cuerpo de Victoria.

—Nada de lo que diga aquí mejorará su riñón.

—No, pero puede ayudarlo a evitar que el miedo determine la manera en que la trata.

—Victoria necesita protección.

—¿Ella se la pidió de la forma en que usted está intentando proporcionarla?

Adrián recordó la discusión en el despacho, la expresión herida de Victoria cuando descubrió la consulta y su advertencia de que defendería al bebé incluso de él.

—No comprende que podría morir.

—Por lo que me ha contado, ella conoce los riesgos y continúa asistiendo a sus revisiones. Que no tome la decisión que usted desea no significa que sea incapaz de comprenderlos.

El terapeuta le preguntó qué aprendió durante su niñez acerca de perder a alguien. Adrián respondió que no deseaba hablar de ello, aunque terminó admitiendo que creció rodeado por adultos que utilizaban el afecto como recompensa y el abandono como castigo, de modo que cualquier muestra de debilidad podía convertirse en una herramienta para controlarlo.

—Cuando una persona importante se alejaba, usted aprendió a recuperar el control antes de que pudiera dejarlo —señaló el especialista.

—Victoria no intenta abandonarme.

—Pero su enfermedad representa una pérdida sobre la que no tiene control y está reaccionando como si pudiera impedirla tomando decisiones antes que ella.

Adrián sintió el impulso de levantarse. Había aceptado hablar de Daniel, de las amenazas y de su necesidad de cuidar a la familia, no confesar que llevaba días pensando en forzar a Victoria a que terminara el embarazo. Mientras aquel deseo permaneciera dentro de su mente, todavía podía considerarlo una reacción provocada por el miedo y no una posibilidad que estaba dispuesto a defender.

—¿Ha considerado una decisión que no se atreve a mencionar? —preguntó el terapeuta.

—No.

La respuesta llegó con demasiada rapidez.

—Podemos detenernos aquí, pero ocultarlo no hará que desaparezca.

—No estoy ocultando nada.

—Entonces no debería resultarle difícil decir qué alternativa buscaba cuando acudió solo a consultar al médico de Victoria.

Adrián se puso de pie, molesto porque el terapeuta había llegado al punto que deseaba evitar.

—La sesión terminó.

—Abandonar la conversación cada vez que siente que pierde el control también es una elección, señor Montenegro.

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