Pensar en todo lo que Amaya había sufrido hasta llegar a ese momento le provocaba a Romeo una profunda lástima y dolor.
Aunque Amaya ya llevaba un rato fuera de la casa, Romeo seguía con la vista perdida en dirección a la puerta.
Al ver la escena, Beatriz sintió alivio, pero también una punzada de preocupación.
Le dio unas palmaditas en el hombro.
—Romeo, no te dejes engañar por lo valiente o dura que parece Ami por fuera; en el fondo, sigue siendo una mujer buena y de buen corazón, y tiene mucho miedo de que la lastimen. Lo que dije hace rato fue una broma... pero si estás dispuesto a acompañarla, ya sea como hermano, como amigo, o lo que sea, me hace feliz.
—Este es el tramo más difícil de su vida, y te agradezco que la apoyes incondicionalmente. Pero te pido una cosa: no quiero que nadie vuelva a lastimarla.
—Lo que más le aterra a una mujer es que alguien le dé esperanza en medio de la desesperación, le haga creer de nuevo, y al final la decepcione... Si alguien vuelve a lastimar a mi hija y juega con sus sentimientos, juro por mi vida que no lo dejaré vivir en paz.
El tono de Beatriz se volvió afilado; quería poner a prueba los verdaderos sentimientos de Romeo, saber si él estaba realmente preparado.
Lo miró directo a los ojos, esperando una reacción, pero le sorprendió ver que la mirada de él no flaqueó ni un instante. Al contrario, se volvió aún más cálida y firme.
—Señora Beatriz, llevaré sus palabras grabadas en mi mente.
—Cuando uno es joven, esos sentimientos infantiles son solo una broma, pero ahora tengo treinta años. Sé muy bien lo que estoy haciendo y sé perfectamente lo que me espera.
—Tanto Ami como yo venimos de matrimonios fallidos. Ya no tenemos tiempo para perder. Ya que usted puso el tema sobre la mesa, le seré totalmente honesto. Lo que siento por ella no es solo compasión; la quiero de verdad.
—Pero no se preocupe, no voy a presionarla ni a obligarla a nada. Lo único que quiero ahora es que vuelva a ser la niña feliz y despreocupada que era antes. La esperaré el tiempo que sea necesario. Si algún día me elige o no, respetaré su decisión con el corazón.

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