Ximena dejó escapar un profundo suspiro.
—No podemos controlar lo que hacen los demás, solo debemos asegurarnos de actuar correctamente.
—Hijo, solo te pido que la próxima vez que decidas casarte, no te apresures. Conoce bien los valores de esa persona, tómate tu tiempo, no hay prisa. Tu error con Vera fue dar el paso demasiado rápido.
Romeo esbozó una sonrisa cargada de melancolía.
—Mamá, cuando les dije que quería casarme con ella, ¿por qué no me detuvieron?
Ximena lo miró, y el amor maternal desbordaba de sus ojos.
—Ibas a cumplir treinta años y no tenías pareja. Te la pasabas inmerso en el trabajo, nunca te veíamos con ninguna mujer. Cuando de pronto trajiste a una chica y dijiste que te casabas, tu padre y yo casi organizamos una fiesta. ¿Cómo íbamos a detenerte?
—Si no empezabas a salir con alguien pronto, tu padre ya estaba dudando de tus preferencias... Para nosotros, era un alivio ver que por fin traías a alguien a casa. Cualquier cosa que te hiciera feliz, la íbamos a apoyar incondicionalmente. Quién iba a decir que...
El rostro de Romeo se tensó de golpe.
—Mamá, ¿qué clase de padres dudan de la orientación de su propio hijo?
Ximena se tapó la boca, intentando contener la risa, y la tensión de la habitación se disipó un poco.
—Ja, ja... Tu padre dice que fue mi culpa por criarte tan correcto y centrado en los estudios, y por eso caíste en las redes de una mujer así.
—De hecho, me pidió que te dijera que, ahora que estás divorciado, salgas y tengas citas con muchas mujeres primero. Aprende a conocerlas antes de siquiera pensar en casarte otra vez. Y si no puedes, dice que él mismo te enseñará...
La cara de Romeo se oscureció y frunció el ceño con irritación.
—¡Mamá!
—No necesito los consejos anticuados de ese viejo. Ya sé muy bien lo que quiero. De hecho, ya sé qué clase de mujer estoy buscando.
Los ojos de Ximena brillaron con genuina curiosidad.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo es? Cuéntale a tu madre.
Las orejas de Romeo se tiñeron de rojo. Sin saber por qué, la imagen del rostro sereno y desafiante de Amaya cruzó por su mente.
Apartó la mirada rápidamente para ocultar sus emociones.
—No hagas tantas preguntas. Ya es tarde, deberías ir a dormir.


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