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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 381

Amaya hizo una pausa y concluyó:

—Sino que, cuando llega la tormenta, él es capaz de abrir un paraguas para ti sin dudarlo, en lugar de darte la espalda y dejarte sola frente al huracán.

El pecho de Romeo se apretó. Sus dedos se cerraron ligeramente alrededor del vaso de agua, y la compasión en su corazón se hizo más profunda.

—...

Los ojos de Amaya volvieron a llenarse de lágrimas, marcados por un doloroso aprendizaje:

—La verdadera responsabilidad no se trata de cuánto apoyo económico o moral le pueda dar a una mujer, sino de si al llegar a casa, él puede ser un verdadero pilar para ti y tus hijos. En los momentos críticos, si es capaz de ponerte en primer lugar; si puede renunciar a su conveniencia por ti.

Amaya giró la cabeza para mirar a Romeo. Sus ojos reflejaban un alma completamente rota:

—Al principio lo amaba, lo admiraba. Creía de todo corazón que él era el hombre que me protegería de la tormenta, que me pondría a salvo de cualquier mal. Pero no fue hasta después de dar a luz que lo entendí: él era el huracán más destructivo de toda mi vida.

—No sufro por haberlo perdido a él o a nuestra relación, sino porque Diego Muñoz se encargó de hacer pedazos toda la fe que tenía en el amor.

Amaya sorbió por la nariz y se limpió torpemente los rastros de lágrimas del rostro.

Con ese simple gesto, la emoción casi devastadora de hace un momento fue reemplazada por una frialdad y dureza sin precedentes.

—Gracias a él, el resto de mi vida no volveré a creer en esa basura llamada amor.

La mirada de Romeo tembló, intentando reconfortarla:

—... No puedes ser tan absolutista, si encuentras al indicado...

—¿Al indicado?

Amaya soltó una risa seca desde el fondo de su garganta, como si acabara de escuchar el mejor chiste del mundo.

Se apoyó contra la cabecera de la cama, y su mirada se volvió cristalina:

—En cuanto firme los papeles del divorcio con Diego, me llevaré a mi hija y a mi madre. Las tres saldremos adelante juntas.

Hizo una pausa, posando su mirada en el rostro de Romeo, y una sonrisa irónica se dibujó en sus labios:

—Y en cuanto al futuro... ya que la sinceridad no compra el respeto, no tengo ninguna necesidad de seguir siendo la idiota que cree en el amor.

Capítulo 381 1

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