Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 312

De cerca, se dio cuenta de que la piel de Amaya era de una textura radiante y suave, con un rostro pequeño y facciones delicadas. Sus pestañas eran largas, sus ojos ligeramente almendrados, sus labios finos y su nariz perfilada. Cada rasgo estaba en el lugar perfecto; en conjunto, era un rostro del que uno nunca se cansaba de mirar.

Aún se podía atisbar la sombra de la niña que alguna vez fue, pero en aquellos ojos ya no quedaba la inocencia de antes; en su lugar, había una serenidad y profundidad esculpidas por el tiempo.

Durante los años en que su hermano y su padre se fueron, cuando la vida de Amaya tocó fondo, él había sido como una sombra silenciosa, observándola y protegiéndola en secreto.

Conocía el rostro de cada persona que la había acosado, porque él mismo se había encargado de advertirles a puñetazos.

En los años en que ella pasaba hambre, él también había movido hilos discretamente con los vecinos, comprando comida para que se la dejaran a escondidas.

Incluso recordaba cuando a ella le bajó su primera menstruación. Ella no sabía qué hacer y lloraba asustada camino a casa. Fue él quien notó la mancha en su pantalón, investigó torpemente en internet, corrió a un supermercado a comprar toallas sanitarias, escribió las instrucciones de uso en una nota y las dejó en la puerta de su casa.

Durante los años más oscuros para Amaya y su madre, él cuidó de ella en silencio por mucho tiempo.

Sin embargo, Amaya nunca lo supo, porque él jamás se presentó ante ella.

Después, se fue al extranjero a especializarse. Al destacar en arquitectura, comenzó a participar en proyectos confidenciales; su tiempo se redujo y su atención hacia ella fue disminuyendo.

Más tarde, al enterarse de que la madre de Amaya había pagado las deudas y había vuelto a levantar su negocio, asumió que su vida había mejorado, así que dejó de seguirle la pista.

Jamás imaginó que los engranajes del destino fueran tan caprichosos.

Cuando se volvieron a encontrar, ella ya era la esposa de su viejo amigo, y él acababa de casarse con Vera Ramos.

No sabía exactamente qué tipo de sentimiento albergaba por Amaya.

Había algo de aquel latido de la infancia, algo de instinto protector de hermano mayor, y también una profunda compasión por su destino... pero si eso era amor romántico, no lo sabía.

Nunca había amado a nadie en su vida, ni siquiera entendía qué era el amor.

Durante sus primeros treinta años, casi toda su energía había estado enfocada en sus estudios, el diseño arquitectónico y la gestión empresarial; apenas le quedaba espacio para pensar en otra cosa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta