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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 95

Zoa se sintió un poco apenada e intentó rechazarlo.

Sin embargo, su estómago rugió en el momento menos oportuno.

Con el rostro ardiendo, se cubrió el estómago con las manos. Si volvía a negarse, parecería una desagradecida.

—Gracias.

Al abrir la elegante caja, descubrió que adentro estaban los hojaldres de rosas que tanto había estado anhelando.

Creyó que estaba alucinando, así que extendió un dedo y los tocó con cuidado.

De inmediato, su rostro se iluminó de alegría.

—Rio, ¡todavía están calientes! Pero a esta hora, el chef de repostería del restaurante ya debería haber terminado su turno, ¿no?

—Mateo los consiguió —respondió Rio sin dar más detalles.

—...

Era obvio, Mateo era su asistente personal. ¿Quién se atrevería a decirle que no?

Zoa tomó un hojaldre color rosa y lo agitó suavemente frente a Rio.

—Debe ser increíble ser tu asistente.

Poder comer lo que uno quisiera a cualquier hora.

Rio no dijo nada, simplemente la observó.

Sus miradas se cruzaron, y las pupilas del hombre se contrajeron ligeramente bajo la luz de la lámpara, reflejando la silueta de Zoa.

Era una imagen borrosa, pero al mismo tiempo parecía estar peligrosamente cerca.

Como si intentara decirle algo sin palabras.

Zoa se quedó paralizada, sintiendo cómo sus orejas comenzaban a arder. Sosteniendo el hojaldre con ambas manos, bajó la cabeza rápidamente para darle un mordisco.

—Ahss...

Ese maldito de Cristian le había quemado tanto la boca que hasta se le había roto la piel y le estaba sangrando.

Con razón le dolía tanto.

Zoa se señaló los labios mientras tiraba suavemente de la manga de Rio.

—Rio... mhm... papel...

Por puro instinto, asomó la punta de su lengua rosada y se humedeció el labio. Al mezclarse con la sangre, parecía un pastel suave cubierto de mermelada.

Seductora y fascinante.

Las pestañas de Rio bajaron, ocultando por completo la tormenta en sus ojos, pero sus dedos se cerraron en un puño de forma imperceptible.

Se giró y sacó un pañuelo de papel para ella.

Zoa se limpió los labios y el dolor fue tan agudo que los ojos se le llenaron de lágrimas al instante.

Pero la sangre seguía brotando, empapando el papel en segundos.

—Me duele mucho. ¿Por qué no deja de sangrar?

Capítulo 95 1

Capítulo 95 2

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