Transcurrió una semana.
Durante esos siete días, Cristian no pisó la casa ni una sola vez. Estuvo pegado a Isabella día y noche.
Zoa aprovechó ese regalo de la ausencia para pulir y perfeccionar, en total secreto, la coreografía con la que competiría.
Con el trabajo duro terminado, era momento de dedicarse a sus asuntos personales.
Esa semana, cada rato libre lo invirtió en rastrear los movimientos de Hana y de Isabella en redes sociales.
Hana publicaba a diario videos educativos sobre cirugías estéticas y consejos para el cuidado de la piel.
Gracias a su red de contactos digitales, Zoa también dio con la cuenta personal de Pablo, el anestesiólogo.
A través de sus publicaciones, confirmó que el círculo de amistad entre Hana, Lorenzo y el resto era sumamente estrecho.
Por otro lado, Isabella estaba desatada.
Desde que anunció públicamente que tenía novio, lo presumía con un descaro absoluto, aunque se cuidaba mucho de no revelar la identidad de Cristian.
A veces, incluso, cometía el *error* de etiquetar a Zoa en sus fotos.
Minutos después borraba la etiqueta y le enviaba un mensaje privado, excusándose con un cínico: *Ups, me equivoqué de usuario*.
Zoa nunca le dio el gusto de responder.
Pero su silencio parecía encender aún más el ego de Isabella.
Llegó al punto de publicar prácticamente cada paso que daban juntos, como si fuera un *reality show*.
Zoa ni siquiera necesitaba salir de su habitación para saber qué lugares habían visitado.
Y esa fue precisamente la llave que necesitaba para abrir su trampa.
En la vida real, Isabella era muy cuidadosa; nunca se quitaba el cubrebocas ni los lentes oscuros cuando había gente cerca.
Pero estando a solas con Cristian, jamás usaría esos disfraces.
Con el dinero que había ganado vendiendo un teléfono, Zoa compró una cuenta de un seguidor veterano en el club de fans de Isabella.
Bajo esa identidad, comenzó a agitar las aguas en el chat del grupo, comentando lo mucho que envidiaba el romance de película de su ídola.
Cuando logró que todos los fans estuvieran derrochando amor y elogios, lanzó el anzuelo.
*Sheena y su novio son el uno para el otro. Me muero de ganas de ver por fin sus rostros juntos.*
*¡Sí! Mantienen tanto el misterio que ya no aguanto la curiosidad.*
Isabella no tardó en morder el anzuelo, respondiendo personalmente.
*Gracias a todos por su apoyo. En este momento preferimos disfrutar de nuestro romance en privado. Cuando llegue el momento adecuado, ustedes serán los primeros en enterarse.*

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