Isabel y Diego salieron del elevador y, al dar los primeros pasos, sus miradas se posaron en una figura conocida: Daniela, la prima de Jimena.
Los ojos de Isabel brillaron con curiosidad; tiró suavemente de la ropa de Diego y le susurró:
—Mira, la familia de Jimena también está en este hospital.
—Vamos a ver.
Se acercaron a la estación de enfermeras y descubrieron que Jimena también había sufrido un accidente de tránsito.
Llegaron a la habitación de Jimena y se sorprendieron al ver que sus heridas parecían ser bastante graves. Lucía un semblante débil y marchito.
A lo lejos, Isabel alcanzó a ver cómo Alejandro cargaba a la frágil Jimena para recostarla sobre una camilla móvil, aparentemente para llevarla a realizarse exámenes médicos.
La furia le subió a la cabeza en un instante. Sin pensarlo, Isabel sacó su teléfono con la intención de fotografiar la escena.
Al notar su movimiento, Diego reaccionó rápido, la tomó del brazo y se la llevó lejos del pabellón.
—¿Por qué no me dejaste tomar la foto?
Una vez afuera, Isabel se soltó de un tirón.
Diego intentó tranquilizarla:
—Tomar fotos sin permiso es invasión a la privacidad, solo nos va a traer problemas.
Isabel lo fulminó con una mirada de puro desprecio:
—Ese Alejandro es todo un experto en la doble vida. Lulú tiene razón: el muy infeliz solo se acercó a ella por culpa de Jimena, y ahora usa los métodos más sucios para torturarla.
—Alejandro no estaba dándole de comer a ella en la boca —señaló Diego.
—¡Pero le da joyas y un auto de millones de pesos! ¿Qué no vale más eso que un plato de sopa?
En el fondo, Isabel se sentía frustrada.
—Yo pensaba que si los dejaba pasar tiempo juntos, Alejandro poco a poco se olvidaría de Jimena. Pensaba que si su corazón ya no le pertenecía, Jimena terminaría llevándose una gran desilusión... pero mira esto.
Al llegar a este punto, incapaz de contener más su coraje, Isabel abrió rápidamente la aplicación de mensajes y le escribió a Lucía.
«No vayas a caer en sus redes.»
«La novia de ese patán está internada en este mismo hospital. Acabo de ver con mis propios ojos a Alejandro cargando a Jimena en plan muy íntimo.»
Lucía, que postrada en su cama no tenía mucho más que hacer que mirar el celular, respondió al instante: «No pasa nada.»

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