—Señorita Lucía, Piero Hernández no ha pisado un orfanato en su vida, y además... parece que ya se dio cuenta de que lo estamos investigando.
El sujeto tenía un instinto evasivo impresionante; a la menor sospecha, desaparecía sin dejar rastro.
Lucía frunció el ceño levemente.
—Sigan vigilándolo, en algún momento cometerá un error.
—Además, encuentren a su novia del supuesto orfanato, sáquenle fotos claras y mándenmelas.
Pasaron unos días. Mientras Lucía trabajaba, sus empleados le enviaron las fotografías rápidamente.
Lucía se las reenvió de inmediato a Isabel Luna. Poco tiempo después, Isabel le respondió con un mensaje que denotaba clara impaciencia:
—¿Y esto qué? Ya me había dicho que ella es su hermana.
Al parecer, Piero era mucho más difícil de desenmascarar de lo que había imaginado. Sus mentiras no tenían ni una sola fisura.
Lucía no quiso discutir más. Simplemente volvió a llamar a sus contactos para que rastrearan el número de teléfono que Piero había usado cuando trabajaba como mesero en la cafetería.
Sin embargo, la línea estaba muerta.
...
Esa misma tarde, Lucía salió de la empresa y se dirigió a su casa. Tomó artículos de limpieza y se fue con Doña Rosa al departamento de Salvador Montero para asearlo.
Salvador llegaba al día siguiente.
Siguiendo las indicaciones del GPS, el auto ingresó al complejo residencial. Lucía se sorprendió un poco: era un barrio exclusivo frente al río, donde cada metro cuadrado valía una fortuna. Tenía seguridad estricta y jardines impecables.
Al entrar, el departamento se sentía amplio e iluminado, con una distribución elegante. Cada rincón destilaba un lujo discreto y refinado. Parecía que nadie hubiera vivido allí jamás.
Lucía caminó hasta el ventanal de la sala y contempló la vista al río. Suspiró suavemente:
—Mi primo es un hombre con dinero... y con muy buen gusto.
A simple vista se notaba que ese primo, a quien ni siquiera conocía, tenía un respaldo económico enorme.
Doña Rosa soltó una carcajada mientras preparaba las escobas.
—¿Y desde cuándo es tu primo?
Lucía se giró, sonriendo a contraluz:

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