Al terminar su jornada laboral, Lucía condujo hasta el estacionamiento subterráneo del centro comercial. Bajó la visera de su auto, se retocó los labios con un labial en tono nude frente al espejo y finalmente bajó del vehículo.
Tomó el elevador panorámico directo hasta el último piso. Apenas se acercaba a la mesa junto a la ventana que Cristina Quiroga había reservado, detuvo sus pasos en seco.
¿Qué hacían allí Doña Leonor y Jimena?
Doña Leonor también notó la presencia de Lucía. Había venido al restaurante porque su hijo le mencionó que Jimena había cerrado un contrato multimillonario e iba a celebrar invitándolos a cenar. Pero, ¿por qué estaba Lucía ahí?
—¿Qué haces aquí, Lucía? Hoy Jimena logró un proyecto sumamente importante para el Grupo Zavala y Alejandro está de muy buen humor, así que nos invitó a cenar...
Lucía esbozó una sonrisa puramente por educación.
En su vida pasada, con tal de que su familia aceptara rápidamente a Jimena, Alejandro siempre se las arreglaba para atribuirle todos los méritos a ella.
Esto reafirmó las sospechas de Lucía de que lo mismo había ocurrido con la vez que ella le salvó la vida. Quizás él lo sabía todo el tiempo, pero en el fondo deseaba fervientemente que su salvadora hubiera sido Jimena.
—¿Lucía? —Doña Leonor frunció el ceño con disgusto al verla parada ahí. ¿Acaso venía a armar una escena?
—¿Tienes idea de lo que estás haciendo? ¿No dijiste que ya no tenías sentimientos por mi hijo? Si ya no te interesa Alejandro, ¿a qué vienes ahora? Lucía, lo peor en una mujer es ser caprichosa e ir tras varios hombres a la vez.
Lucía estaba a punto de aclarar el malentendido cuando sonó su teléfono. Era Julio.
—¿Dónde estás? ¿Por qué no llegas?
—Ya estoy en el lugar que me indicaste, pero tú y Cristina no están aquí —respondió Lucía con tono sereno, dándole una mirada rápida a Doña Leonor.
Julio se dio cuenta de su error: —Ah, es mi culpa... Le cedí esa mesa a Alejandro Zavala hace un rato. Ahora estamos en la mesa número dos, en el lado este.
—Entendido, voy para allá. —Lucía dio la media vuelta y, al dar el primer paso, casi choca con Alejandro Zavala, que regresaba de atender una llamada. Alejandro extendió el brazo instintivamente para sostenerla.



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