Lo más importante era que a Alejandro Zavala no le gustaba mezclar sabores y jamás comía platillos con condimentos tan fuertes, así que no había riesgo de encontrárselo.
—Por nosotros, perfecto —dijeron Pablo y los demás—. Vamos por esa olla caliente.
Con el plan decidido y el trabajo terminado, el grupo recogió sus cosas y bajó las escaleras. Se repartieron en varios autos y siguieron la dirección que dio Lucía hacia el restaurante.
Pidieron una mesa junto a la ventana en el segundo piso, ordenaron la Olla de Dos Caldos, un combo para seis personas y cada uno añadió sus ingredientes favoritos.
Lucía sumergió un trozo de carne en el caldo picante. Mientras Pablo y Samuel Yáñez charlaban, ella escuchaba. Sin saber cómo, la conversación giró hacia el tema sentimental.
Alguien preguntó: —Señorita Lucía, ¿es verdad el rumor de la empresa de que alguna vez estuvo comprometida?
Lucía sonrió con impotencia: —Sí, hubo un compromiso, pero a la otra persona nunca le importó. Yo tampoco quise forzar las cosas, así que al final se canceló.
Pablo le sirvió un refresco a Lucía, mirando cómo subían las burbujas. —¿Y ahora hay alguien especial?
Antes de que Lucía pudiera responder, un empleado de desarrollo intervino: —La señorita Lucía está saliendo con el joven Camilo Zavala, hacen buena pareja. Él todavía está estudiando medicina.
Lucía asintió y se rio: —Sí, somos cercanos, pero no esperaba que estuvieran tan enterados...
—También escuché que, al principio, el prometido de la señorita Lucía iba a ser Alejandro, el hermano de Camilo Zavala.
En cuanto cayeron esas palabras, la mesa se sumió en un silencio sepulcral.
Lucía tosió, ahogándose un poco con el picante.
Pablo la miró.
Lucía se apresuró a aclarar: —Camilo y yo no somos lo que ustedes piensan. En el pasado amé a la persona equivocada, pero por suerte todo eso ya quedó atrás...
Al notar su incomodidad, Pablo cambió rápidamente el tema hacia el trabajo, y los demás, con gran tacto, no volvieron a mencionarlo.
Al terminar de comer, Lucía quiso pagar la cuenta, pero el mesero le informó que Pablo ya lo había hecho. Ella salió tras él: —Pablo, ¿cómo voy a dejar que pagues tú?
—La última vez invitaste tú, ahora me toca a mí —respondió él—. Ya sabes que mi sueldo no está nada mal.
Lucía sonrió. En su vida pasada, Pablo también admiraba a Jimena Jiménez y no sentía simpatía por ella, al igual que Alejandro Zavala. Solo en esta vida, gracias a su propia intervención, él la trataba con tanta amabilidad...
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