Al tercer día.
Cuando Alejandro Zavala regresó de su viaje de negocios, Jimena no hizo mención alguna sobre el almuerzo entre Gustavo Beltrán y Lucía. Se limitó a comentarle, con cierta tristeza, que Lucía aún no había ido a dar la cara ante Don Guillermo.
Tras escucharla, Alejandro le ordenó a su asistente, Mateo Vicario, que comprara un importante lote de productos del Consorcio García utilizando el nombre del Grupo Zavala.
El Consorcio García recibió ese enorme pedido de la nada.
Lucía se enteró de inmediato.
Media hora más tarde, ella y Julio García se encontraron cara a cara con Alejandro, quien se había presentado en sus oficinas para cerrar el trato.
Quedaba claro que su visita no era mera cortesía.
Lucía no se inmutó y saludó a Alejandro con la misma formalidad de siempre, sin mostrar la menor señal de molestia.
Julio, por su parte, suspiró aliviado. Temía que, tras el reciente incidente con el Sr. Solís, su hermana se pusiera a la defensiva o le hiciera un desplante a Alejandro.
Al verla actuar con tanta madurez, comprobó que Lucía sabía separar los problemas personales de los negocios importantes.
Terminada la reunión, ambos hermanos, junto con un par de vicepresidentes, acompañaron a Alejandro hasta la salida.
—Sr. Zavala, ¿cómo regresará a su oficina? —preguntó uno de los vicepresidentes al notar que Alejandro no había llegado en su propio vehículo—. Si gusta, puedo llevarlo.
—No se preocupe, mi transporte ya llegó.
Apenas pronunció esas palabras, un flamante Bugatti se detuvo frente a ellos.
Y quien estaba al volante no era otra que Jimena Jiménez.
Jimena ni siquiera se dignó a bajar del auto. Bajó la ventanilla lo justo para saludar a Julio con una sonrisa educada, ignorando por completo la existencia de Lucía. Era como si para ella, Lucía fuera invisible.
Alejandro se despidió de Julio con un firme apretón de manos y subió al asiento del copiloto.
Desde afuera, se podía apreciar perfectamente el perfil varonil y atractivo de Alejandro.
Antes de irse, giró ligeramente el rostro hacia la ventanilla a medio bajar y clavó sus ojos en Lucía.
—Señorita García, dado que nuestra reciente colaboración ha sido tan grata, ¿le molestaría hacer el favor de hablar con mi abuelo de una buena vez?
Ja...
Lucía lo supo al instante: otra vez el mismo circo por Jimena.
—Si el Sr. Zavala me lo pide de esa manera, mañana tendré un espacio en mi agenda para ir a visitar a Don Guillermo —respondió Lucía con una sonrisa tan educada como gélida.
—Perfecto. Mañana paso por ti.
—No hace falt... —Lucía intentó rechazarlo.

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