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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 124

Lucía continuó con naturalidad:

—Tengo una oportunidad de trabajo. Escuché que te dedicas al área de informática. Precisamente en nuestra empresa estamos buscando a alguien con...

Al escuchar eso, Samuel asintió con educación, sacó su teléfono y le pasó su contacto.

El colega que estaba a su lado no soportó la escena y soltó con amargura:

—Oye, preciosa, ¿acaso no tienes estándares para contratar? ¿No ves lo patético que se ve?

A Isabel le hirvió la sangre. Se paró de inmediato junto a su amiga y respondió con sarcasmo:

—Lo único patético aquí es tu actitud, y te la puedes tragar.

El rostro del sujeto se ensombreció de golpe.

—¿De qué empresa son ustedes, eh? Seguro es una estafa piramidal.

—Soy Lucía García, del Consorcio García —dijo ella con voz firme, mientras le extendía la mano a Samuel.

¿Quién en esa ciudad no conocía el Consorcio García? A excepción del Grupo Zavala, los García eran los titanes corporativos de Puerto Coral. Trabajar allí era un sueño en comparación con la miserable y desconocida startup en la que estaban atorados.

—Ay, por favor, Samuel. La situación laboral está dificilísima, ¿de verdad te vas a creer que ella es de los García?

—Si estás interesado, podemos ir al Consorcio García ahora mismo para que lo veas con tus propios ojos —ofreció Lucía, ignorando por completo al envidioso.

Sin inmutarse por los comentarios, Lucía llamó a un mesero y le entregó una tarjeta negra.

—Yo pago la cuenta de esta mesa. Cóbramelo a mí.

—Enseguida, señorita García.

El mesero, que evidentemente la reconocía, tomó la tarjeta con suma reverencia.

Lucía volvió su atención a Samuel.

—Señor Yáñez, ¿estaría dispuesto a acompañarme ahora mismo?

Samuel pensó que las oportunidades se tomaban al vuelo. De todos modos, odiaba trabajar en esa startup. Le pagaban una miseria, le exigían demasiado y encima lo humillaban a diario. Si había una mejor oportunidad, claro que valía la pena el riesgo.

—Vamos —dijo él, decidido.

Lucía sintió que la suerte por fin le sonreía. Esos últimos días habían sido una verdadera montaña rusa emocional.

Cuando ella y Samuel llegaron a la puerta, Isabel la jaló de la manga y le susurró indignada:

—Oye, ¿te olvidaste de mí? ¿No íbamos al gimnasio a quemar la comida?

Capítulo 124 1

Capítulo 124 2

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