Lucas bajó la mano de su rostro justo cuando Jimena ahogó un grito:
—¡Lucas, tu cara!
Habían escuchado ruido desde afuera, pero jamás imaginaron que el sonido de la bofetada fuera real. ¡Alguien había golpeado a Lucas!
Alejandro miró a Lucía con total frialdad.
—¿Tú hiciste esto?
Lucía apretó los labios. Por un instante, una sombra de humillación cruzó su rostro, pero rápidamente recuperó la compostura.
Lucas guardó silencio. Su orgullo le impedía admitir en voz alta que había sido abofeteado por Lucía. Fue la primera vez que ignoró por completo las palabras de Jimena.
Jimena frunció el ceño y pasó su mirada de Lucas a Lucía. ¿De verdad había sido ella? ¡¿Cómo se atrevía?!
En el pasado, los rumores decían que Lucía era capaz de humillarse y adular a hombres como Gustavo Beltrán o el propio Lucas con tal de ganarse el favor de Alejandro.
Lucía, ya con el rostro inexpresivo, se dio la media vuelta dispuesta a marcharse. Pero justo cuando pasaba por el lado de Alejandro...
—Se nota que tienes buena técnica para dar bofetadas. ¿Has practicado? —comentó él con tono gélido.
Lucía se detuvo en seco. De pronto, un pensamiento cruzó por su mente y sintió cómo se le erizaba el vello de la nuca. Haciendo acopio de todo su coraje, respondió con descaro:
—Todos los días golpeo y maltrato a los empleados en mi casa si algo no me parece. Si no hacen lo que quiero, les aviento cosas. Claro que tengo práctica.
Sin esperar a ver la reacción de los demás, se marchó de inmediato.
Jimena sintió que algo no encajaba. Lucía siempre se había desvivido por dar una buena impresión frente a Alejandro. ¿Por qué de repente se autosaboteaba de esa manera?
Era como si a Lucía ya no le importara en absoluto, como si le diera igual qué clase de imagen tenía Alejandro de ella.
Los sentimientos de Jimena eran un torbellino... No lograba entender qué le pasaba a esa mujer, sentía que cada vez era más impredecible.
Durante todo ese tiempo, Alejandro la había tratado de maravilla. La mimaba, la protegía... Jimena esperaba que Lucía se muriera de envidia, que perdiera la cabeza por los celos. Pero, para su sorpresa, Lucía actuaba como si la vida romántica de Alejandro ya no le importara en lo más mínimo, y eso le robaba a Jimena la satisfacción de sentirse victoriosa.
Una vez que Lucía desapareció de su vista, Jimena comentó:
—Sus padres la han malcriado desde pequeña. Seguro ni siquiera cree que golpear al personal esté mal. Piensa que es su derecho de nacimiento tratar a la gente como basura.
Lucas frunció el ceño. Aunque detestaba la agresividad de Lucía, en el fondo sabía que su respuesta había sido una mezcla de sarcasmo y exageración. Sin embargo, el comentario de Jimena parecía confirmar que Lucía realmente era ese tipo de persona cruel.

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