Después de ver casas de lujo, con esos acabados de primera, las áreas verdes y las vistas impresionantes... naturalmente, la casa anterior ya no les parecía suficiente.
Pero Julio García dudaba que su padre estuviera de acuerdo en gastar una fortuna tan exagerada en una propiedad.
Al regresar a casa, Lucía habló apresuradamente con Horacio García, diciéndole que tanto ella como su hermano se habían enamorado de una casa en el Residencial El Olimpo.
Como era de esperar, Horacio detuvo su movimiento con los cubiertos. Miró a Julio y dijo:
—Esa casa se sale por completo del presupuesto.
Julio se apresuró a decir:
—La verdad es que, después de casarnos, podemos seguir viviendo aquí. Mientras más seamos, mejor ambiente habrá, no hay necesidad de comprar una casa nueva...
Lucía sabía que no podía contar con su hermano. Miró a Horacio y argumentó:
—Papá, en realidad no importa si tienen casa propia o no, lo que importa es nuestra actitud como la familia del novio. Comprar esa casa demuestra el respeto y la importancia que le damos a Cristina y a la familia Quiroga. Mamá, ¿tú qué opinas?
La señora García, que los estaba escuchando, sonrió al ser mencionada:
—Pero hija, las casas en El Olimpo son excesivamente caras...
No eran la poderosa familia Zavala, que podía sacar esa cantidad como si nada.
—De todos modos, nuestra familia está a punto de hacerse muy rica. Papá, ¿no dijiste que si mi proyecto de inversión se ejecutaba bien, el Consorcio García ganaría muchísimo dinero?
Horacio no pudo evitar reír y negar con la cabeza:
—Me haces recordar una noticia que leí. Una muchacha creyó que se había ganado millones con un raspadito de lotería. Antes de cobrar el premio, se fue de compras al centro comercial y gastó en un montón de cosas carísimas. El día que fue a reclamar el premio, descubrió que se había equivocado, no había ganado nada, y terminó gritando desesperada en medio de la tienda.
Lucía respondió con seguridad:
—Yo no soy como ella.
—¿Ah, no? —bromeó Horacio.
Lucía se volvió hacia Julio:
—Julio, cuando Alejandro Zavala le da un regalo a Jimena Jiménez, no baja de los millones. Con un evento tan importante como tu boda, ¿cómo vas a escatimar gastos y no hacerle justicia a mi cuñada?
Julio suspiró:
—Es que no podemos compararnos con la familia Zavala...
—Papá, ya no tienes que prepararme una dote. Usa ese dinero para la boda de mi hermano.
De todos modos, ella no pensaba casarse en esta vida.
—Qué tonterías dices... —respondió Horacio—. Si le doy todo tu dinero a tu hermano, ¿no te vas a enojar?
Lucía negó con la cabeza:
—Para nada.
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