Aspen asintió.
—Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, tampoco lo creería. Es un lugar lleno de peligros, pero también de recursos que vale la pena investigar—.
—Por lo que pasó con mi tercer abuelo, parece que El Abismo en realidad no quiere hacernos daño—.
—Mi tercer abuelo fue a las ruinas y volvió con un montón de gérmenes nuevos, pero esos gérmenes no parecían querer hacerle daño...—.
Aspen relató lo que su abuela había descubierto y añadió:
—Para ocultar los secretos de El Abismo, no necesitaban hacer que mi tercer abuelo perdiera la memoria, simplemente podrían haberlo matado. Pero lo dejaron vivir, lo que demuestra que no querían matar a nadie—.
—Solo cuando se sintieron amenazados, cuando se dieron cuenta de que mi tercer abuelo podría recuperar la memoria, fue cuando actuaron con dureza—.
—Eso significa que, en realidad, no tenían intención de hacer daño—.
—Además, mis abuelos han ido a El Abismo muchísimas veces y, aunque siempre vuelven enfermos, en todos estos años no ha habido ninguna víctima mortal allí—.
Seguro guardó silencio por un momento y luego preguntó:
—¿Cuándo volverán a la montaña? Me gustaría entrar primero para ver la situación—.
Aspen respondió: —No tenemos una fecha fija, pero en cuanto haya una oportunidad, lo llevaré a la montaña—.
Seguro asintió.
—No hay prisa, todavía estoy buscando al personal de investigación adecuado—.
Aspen sabía que la familia Ibarra era de fiar, pero aun así le recordó:
—Primero hay que seleccionar a las personas y luego informarles sobre El Abismo—.
Seguro asintió. —Lo sé—.
Seguro se giró hacia don Ibarra.
—Abuelo, ¿no crees que ya es hora de hablar de esto con el gobierno?—.
Don Ibarra frunció el ceño y asintió.
—Me encargaré personalmente de hablarlo con las altas esferas. Aspen, ¿tienen algún video relacionado?—.
Aspen preguntó: —¿De dentro de El Abismo?—.
Don Ibarra asintió. —Sí, de adentro—.
Aspen negó con la cabeza.
—No, solo grabamos en la entrada. Dentro no se puede filmar. En los cuadernos de mi tercer abuelo hay muchos bocetos, eso sí—.
Don Ibarra dijo: —Los bocetos no sirven, podrían ser fruto de la imaginación de un artista, no valen como prueba. Sería ideal tener algo que demostrara directamente que El Abismo existe de verdad—.
Aspen sugirió: —Si el gobierno no nos cree, podemos organizar una visita para que lo vean con sus propios ojos—.
Don Ibarra replicó: —Yo mismo iré a hablar. Crean o no, enviarán a alguien a la montaña, pero la calidad de ese personal es incierta—.
—Mi idea es ir al grano, presentar pruebas contundentes de la existencia de El Abismo para que el gobierno envíe directamente a sus mejores expertos—.
—Si no hay pruebas, seguramente enviarán a un par de personas a tantear el terreno primero—.
Aspen entendió lo que don Ibarra quería decir y, tras pensarlo un momento, dijo:
—En El Abismo no se pueden hacer fotos ni videos. Al entrar, aparte de la brújula, todos los aparatos electrónicos dejan de funcionar—.

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