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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4036

Tesoro dijo: —De hecho, ellos ya no nos sirven de nada, así que puedes liberarlos cuando quieras.

Ledo se sorprendió. —¿Ya no los necesitamos? ¿No habíamos quedado en soltarlos hasta mañana?

Tesoro explicó: —Ya averigüé el secreto de los Dorado y ya tengo la forma de contrarrestarlo, así que ya no necesitamos mantenerlos aquí.

Ledo preguntó: —¿Los puedo soltar ahora mismo?

Tesoro asintió. —Sí.

Ledo sonrió con entusiasmo: —¡Perfecto! ¡Si resolvemos lo de esta gente de una vez, entonces en la noche podré ir con ustedes!

Tesoro inquirió: —¿Y cómo piensas deshacerte de ellos?

Ledo entrecerró los ojos y dibujó una sonrisa astuta en sus labios.

—Ustedes solo esperen a ver el gran espectáculo que armaré.

Se dio la vuelta y salió, y no pasó mucho tiempo antes de que regresara arrastrando a dos empleados de la familia Dorado.

Los dos temblaban como hojas; era evidente que Ledo ya los había intimidado lo suficiente.

Ledo los obligó a guiarlos y, en total sigilo, reubicaron a los prisioneros en un sótano secreto dentro de la propiedad de los Dorado.

Luego les ordenó que prepararan un buen festín. Incluso Ledo mismo bajó a la cava de los Dorado para agenciarse unas cuantas botellas de sus mejores vinos de reserva.

Tras dejar todo bien organizado, despertó a los prisioneros y salió del sótano.

Al despertar, el grupo estaba sumido en la confusión y la alarma:

—¿Dónde diablos estamos? ¿Qué hago yo aquí?

—¡Maldición, me está matando la cabeza!

—A mí también, siento como si me hubieran agarrado a golpes.

Los dos empleados de la familia Dorado se apresuraron a intentar calmar los ánimos.

—¡Por favor, cálmense, caballeros, todos están a salvo!

—Este es un sótano secreto de la mansión Dorado. Fue Don Hugo quien los trajo hasta aquí, y hasta les mandó a preparar este banquete con sus vinos más finos.

El grupo miró a su alrededor y comprobó que, en efecto, estaban en un sótano de la familia.

Luego le echaron un ojo al vino sobre la mesa. Confirmaron que eran botellas exclusivas de la cava Dorado que jamás estarían al alcance de cualquier extraño.

Y para terminar, quienes hablaban eran hombres de entera confianza de Hugo, algunos hasta los reconocieron.

Al notar todo eso, se relajaron por completo, sin la menor sospecha en sus cabezas.

Uno de ellos preguntó: —¿Para qué nos trajo Don Hugo aquí?

El empleado respondió: —Nosotros tampoco lo tenemos muy claro, pero parece que Don Hugo tiene un plan importante y necesita su ayuda. Su orden fue que se quedaran aquí esperando.

Alguien más preguntó: —¿Esperando qué cosa?

El empleado reiteró: —No sabría decirles, Don Hugo no nos dio detalles.

Otro inquirió: —¿Entonces hasta cuándo vamos a poder salir?

El empleado contestó: —Supongo que será hasta la noche, pero no hay nada confirmado.

El otro empleado aprovechó el momento para abrir las botellas y servirles vino a todos, intentando agradarles.

—Caballeros, no tienen de qué preocuparse, estamos en el territorio de los Dorado. Aquí no corren ningún peligro. Lo mejor es que hagamos lo que Don Hugo ordenó: disfruten de un buen vino y esperemos con paciencia.

El grupo no volvió a desconfiar. Se estiraron un poco y se acomodaron alrededor del banquete.

Uno de ellos preguntó:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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