Dante Dorado estaba a punto de estallar de la rabia.
—¡Escúchame bien! Te prometo que mi familia se vengará por esto. ¡Ustedes y esos dos mocosos insoportables de la familia Bello la van a pagar muy caro! ¡Solo esperen y verán!
Dante soltó un fuerte bufido, se dio la vuelta y se alejó a zancadas.
El hombre de confianza de Anselmo del Pozo se acercó y se paró a su lado, comentando:
—Parece que esta vez los Dorado están perdiendo la cabeza por el enojo.
Anselmo se burló.
—Es que han tenido todo tan fácil por mucho tiempo. No están acostumbrados a que alguien los aplaste y no saben cómo lidiar con eso.
El hombre se rio. —Pero hay que admitir que el joven Ledo tiene un poder de destrucción asombroso.
Anselmo soltó una carcajada.
—Ese muchacho es muy claro con sus amistades y enemistades. Al meterse con él, la familia Dorado de verdad pateó un avispero. Por cierto, diles a los que van a competir esta noche que se anden con cuidado. Es preferible que se rindan a que pongan su vida en riesgo.
El hombre respondió: —Justo de eso le quería hablar. La señorita Simone mandó medicina para nuestra gente, nos indicó que deben tomarla media hora antes de salir a pelear. Dijo que los mantendrá protegidos.
Anselmo preguntó: —¿A qué hora la mandó?
El hombre contestó: —Mientras usted estaba en la reunión, uno de los jóvenes llamó para avisarnos.
Anselmo aprobó: —La pequeña Simone es una experta en medicina, hagan todo lo que ella diga.
Anselmo tomó una bocanada de aire profundo y la soltó con lentitud.
—Este año ha estado lleno de bendiciones pero también de muchas tragedias para nuestra familia.
El hombre añadió: —Creo que las bendiciones han sido mayores.
Anselmo asintió con una sonrisa. —Sin lugar a dudas, tuvimos la suerte de que esos dos angelitos de la buena suerte llegaran a nuestras vidas.
...
Mientras tanto, Ledo regresó a la casa de la familia Dorado justo cuando el sol comenzaba a ocultarse.
Los sirvientes de los Dorado estaban reparando los destrozos. Al verlo llegar, lo miraron como si fuera el mismísimo diablo; ¡sentían tanta rabia, furia y terror al mismo tiempo!
Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se quedaron mirando a Ledo con pánico.
Ledo condujo el carruaje atravesando el lugar como si fuera el dueño, y absolutamente nadie se atrevió a interponerse.
Luego, como si no fuera suficiente, Ledo destruyó con prepotencia lo poco que acababan de reparar y se alejó como si nada.
Los miembros de la familia Dorado respiraban agitados por la furia, ¡apretando los dientes del coraje que sentían!
¡Pero ninguno tenía el valor de decir ni media palabra!
Apenas bajó del carruaje, Ledo se dirigió de inmediato a la habitación de Tesoro.
Eric escuchó los pasos, asomó la cabeza por la puerta y le dijo en un susurro:
—Ahorita está ocupada, mejor no la interrumpas.
Ledo preguntó: —¿Ya se despertó?
Eric afirmó: —Acaba de despertar.
Cuando Ledo se acercó más, Eric le explicó: —Está entrenando al Vínculo Umbrío.
Ledo preguntó: —¿Esa cosa también ya se despertó?
Eric asintió. —Así es.
Ledo volvió a preguntar: —¿Y qué plan tiene Tesoro? Si esta noche va con Braulio del Pozo a estudiar el Arte del Vínculo, ¿qué pasará con el Vínculo Umbrío de Aura Dorado?
Eric le aseguró: —Seguro que ella sabrá cómo manejarlo.
Ledo suspiró.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...