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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4031

El hombre se quedó mirándolo, completamente en silencio. —...

Ledo le advirtió:

—Si tuviste el atrevimiento de seguirnos, estoy seguro de que sabes de lo que somos capaces. Tenemos miles de formas de hacerte hablar, y el silencio solo te traerá mucho dolor.

El sujeto frunció el ceño, pero siguió con la boca cerrada.

Ledo levantó la vista hacia los guardaespaldas apostados en el muro.

—¿Es este el forastero que nos ha estado siguiendo, del que habló Eric?

El guardia titubeó un poco. —Se parece, pero a la vez no.

Ledo lo miró, incrédulo. —¿Cómo que se parece pero no?

El guardaespaldas explicó: —La complexión es idéntica, pero como nunca antes le habíamos visto la cara, no podemos estar seguros de que sea el mismo sujeto del que habló Eric.

—... —Ledo volvió a mirar al hombre, midiéndolo de pies a cabeza.

Era cierto que su complexión física era casi idéntica a la del individuo que se topó en Leona.

De no estar viéndolo tan de cerca, sería facilísimo confundirlos.

¿Quién era este tipo? ¿Un simple señuelo?

A Ledo se le ocurrió que aquello podía ser una maniobra de distracción. Frunció el ceño.

—Llévenselo amarrado y sométanlo a un interrogatorio. ¡Yo iré a ver a Lázaro Rojas!

Ledo se dio media vuelta y corrió a toda velocidad hacia la casa donde Lázaro descansaba...

Dentro de la habitación, Lázaro aún no había despertado.

Cano estaba enroscado al pie de la cama, levantando su cabecita, sacando su roja lengüita y observando con sus ojillos a todas las personas presentes.

Los guardaespaldas de la familia Bello no le tenían miedo, pues sabían que era la mascota de Ledo.

Pero los médicos y Maestros del Vínculo no le quitaban la vista de encima, sentían la inmensa presión que la criatura imponía y nadie se atrevía a moverse.

Cuando Ledo entró apresurado, todo el lugar seguía en completa paz. Estaba tan silencioso que se habría escuchado caer un alfiler.

Al verlo, los ojos de Cano brillaron. Rápidamente se deslizó hasta el hombro de Ledo y le sacó la lengüita.

Ledo dejó escapar un largo suspiro de alivio. —Menos mal no pasó nada. Buen trabajo.

Luego se dirigió a los guardaespaldas:

—¿Notaron algo raro antes de que llegara Cano?

El guardia negó con la cabeza: —No, nada.

Ledo se acercó a la cama y observó a Lázaro. —¿Cómo se encuentra?

Un médico respondió: —Sigue inconsciente desde que la señorita Tesoro se marchó. Lo hemos examinado tres veces y su estado físico va mejorando progresivamente.

Un Maestro del Vínculo agregó: —El Vínculo Maestro en su interior también se está recuperando y a un ritmo muy rápido.

Ledo asintió conforme.

—Buen trabajo. Pueden retirarse todos, necesito platicar a solas con él.

Una vez que la habitación quedó vacía, Ledo utilizó una de las técnicas que Tesoro le había enseñado, sacó un frasquito y lo acercó a la nariz de Lázaro.

¡Unos segundos después, Lázaro abrió los ojos de golpe!

Al darse cuenta de que alguien estaba junto a él, su primer instinto fue intentar incorporarse para defenderse.

Pero Ledo lo sujetó por los hombros y lo empujó suavemente hacia atrás.

—Acuéstate y no te muevas. Soy yo, aquí estás a salvo.

Lázaro trató de calmarse. Al reconocer el rostro de Ledo, sintió un gran alivio.

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