Durante el trayecto, Ledo llamó a Eric para contarle todo lo sucedido.
Eric también se mostró muy sorprendido.
Al igual que Ledo, no lograba comprender cómo era posible que alguien de la familia Bello, que no fuera Tesoro, estuviera tan fascinado por el Arte del Vínculo.
Y para colmo, ni siquiera tenía el valor de aprenderlo abiertamente, ¡sino que se había escabullido hasta La Selva para hacerlo en la clandestinidad!
Si Gael o Abel hubieran tenido esa clase de interés, seguramente lo habrían dicho sin tapujos. ¡Tampoco era como si aprenderlo fuera un delito que debiera ocultarse!
—Este hombre oculta algo. Definitivamente no solo vino a aprender el Arte del Vínculo.
Ledo coincidió: —Claro que oculta algo. Esta simple acción de su parte ya es un acto claro de deslealtad.
Ocultárselo a Aspen Bello, engañar a los guardaespaldas de la familia, y atreverse a hacer un pacto a solas con alguien tan crucial como Lázaro Rojas, ¡dejaba clarísimo que no le tenía ni una pizca de lealtad a su jefe!
Eric le aconsejó:
—Puesto que el Señor Bello te pidió que te mantuvieras al margen, será mejor que lo hagas. Déjalo que él se encargue de la investigación y nosotros concentrémonos en lo nuestro.
Ledo asintió: —Entendido. Voy para allá, ¿Tesoro sigue descansando?
Eric respondió: —Aún no se despierta.
Ledo dijo: —Déjala que siga durmiendo, llegaré en un momento.
Tras cruzar unas pocas palabras más, Ledo colgó el teléfono.
A esas horas, las calles estaban bastante desoladas, casi todos se habían ido a descansar a sus hogares.
Habían pasado la noche en vela y la mañana había sido una locura por el escándalo entre Hugo Dorado y la familia del Pozo; la gente no pudo aguantar más y, por la tarde, todos cayeron rendidos de sueño.
Mientras avanzaba en el carruaje, Ledo compró algunos periódicos del día en un kiosco para enterarse de las noticias recientes.
La portada principal, por supuesto, estaba dedicada al torneo de los Maestros del Vínculo de la noche anterior.
Pero justo debajo venía la nota sobre Hugo exigiendo la liberación de su gente a los del Pozo y su posterior arresto por orden del Señor de la Selva.
La prensa oficial claramente apoyaba la postura de la autoridad.
Argumentaban que presentarse en una casa para exigir a personas sin una sola prueba era un claro acto de impulsividad; y el hecho de insistir en irrumpir a la fuerza, incluso tras las advertencias de las autoridades, demostraba un desprecio absoluto por las leyes.
En cambio, los medios independientes estaban divididos: algunos apoyaban a los Dorado y otros a los del Pozo.
Dejando de lado este incidente, la gran mayoría de las otras notas estaban llenas de elogios por el impresionante nivel que la familia Dorado había demostrado este año.
Algunos medios ya los estaban bautizando como "la familia número uno de La Selva".
Incluso había muchísimas notas sobre Cristina Palma y las inmensas expectativas que había por su duelo contra Tesoro.
Al hojear un poco más, Ledo comprobó que, a excepción de las críticas de la prensa oficial hacia las acciones de Hugo, todo el resto de los artículos elogiaban fervientemente a los Dorado.
Mientras tanto, ¡el estado de ánimo del Patriarca Dorado era un completo desastre!
El Señor de la Selva lo había llamado a su oficina para conversar en privado, junto con Anselmo del Pozo.
El Señor de la Selva fue directo al grano:
—Me imagino que ambos están al tanto de lo que ocurrió hoy con el supuesto secuestro y con el escándalo que Hugo Dorado armó frente a la propiedad de los del Pozo, ¿verdad?
Anselmo asintió con serenidad. —Sí, lo estoy.
El Patriarca Dorado, con el rostro rojo de ira, exclamó: —¡Te lo advierto, Anselmo, yo...!
El Señor de la Selva lo interrumpió de tajo: —Te estoy preguntando si estás al tanto de lo ocurrido.
El Patriarca Dorado apretó las muelas con fuerza. —¡Claro que lo sé, y también sé que los del Pozo fueron quienes lo hicieron!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...