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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2663

Durante el embarazo, Tania no dejaba de decir que el bebé se lo había concedido Ledo. De tanto repetirlo, hasta él mismo empezó a creérselo.

Samira sonrió y dijo:

—Sí, te lo concedió él. Eres el gran artífice.

Ledo afirmó: —Entonces, cumpliré mi promesa. Cada año nuevo me inclinaré ante el señor Cupido.

Al año siguiente, los niños cumplieron nueve años.

Fue un año tranquilo, pero a la vez muy dulce.

Los niños no solo crecieron en estatura, sino también en inteligencia y madurez emocional.

Laín se volvió aún más maduro y sereno, con un aire de joven serio a pesar de su corta edad.

Su carrera como inversor seguía viento en popa, ¡prácticamente cada inversión era un éxito!

En la lista de los más ricos, el nombre de Aleph L. Paz figuraba justo después del de Aspen.

El gimnasio de artes marciales de Ledo también abrió sus puertas.

Era un proyecto de carácter benéfico, apoyado por el gobierno, y los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia.

Ledo no reveló su vinculación con el gimnasio, por lo que no tuvo la oportunidad de aparecer en la inauguración.

Pero al ver las palabras «Casa Fuertes», «Alejandro Fuertes» y «rey del combate» en los medios, Ledo se sintió más emocionado que si hubiera estado en el escenario.

Tú me cuidaste de pequeño, yo te cuidaré de mayor.

No tuvo la oportunidad de cuidar de él en su vejez, ¡pero podía ayudarle a cumplir su sueño!

Ledo, con su metro cuarenta de estatura y vestido con ropa deportiva, se encontraba entre la multitud. Al mirar el letrero con las palabras «Casa Fuertes», sus ojos brillaban con una luz especial.

Aspen, Carol, Laín, Luca, Miro y Tesoro estaban a su lado, presenciando este momento tan importante en su vida.

Ese año, ¡el progreso de Tesoro fue especialmente notable!

La pequeña pareció despertar de repente, y sus habilidades médicas avanzaron a pasos agigantados.

Trataba enfermedades comunes con facilidad, y manejaba las agujas de acupuntura con una destreza que dejaba a Carol asombrada.

Nano, para poder verla, fingía tener dolor de estómago, de cabeza, de piernas, de brazos…

Se negaba a ir al hospital y siempre decía:

—Quiero que me vea mi hermana. La medicina que me da no es amarga y sus pinchazos no duelen.

Orion y Samira intentaron de todo para quitarle esa mala costumbre, pero fue en vano.

Al final, tuvieron que recurrir a Tesoro.

Tesoro asustó a Nano:

—¡Si vuelves a fingir que estás enfermo para venir a verme, te clavaré una aguja así de larga en el corazón!

Nano, de cuatro años, parpadeó y preguntó: —¿Y qué pasará?

Tesoro: —¡Te morirás en el acto!

Nano se echó a llorar al instante, aterrorizado.

—No quiero morirme, si me muero no podré ver a mi hermana. No quiero, no quiero… buaaaa…

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